Public Image Ltd: Romper todo y empezar de nuevo La ira y la energía se tomaron Blondie Jueves, 16 de Abril de 2026 Miércoles 15 de abril, 2026 Blondie, Santiago Galería de imagenes AQUÍ No hay nada más cliché que escribir sobre Public Image Ltd citando el libro de Simon Reynolds “Post punk: Romper todo y empezar de nuevo”, pero, como los clichés son parte de la vida, no nos vamos a resistir a la tentación. En su obra, el periodista británico plantea una hipótesis que hoy en día parece más una certeza: “me da la sensación de que el largo ‘después’ del punk entre 1978 y 1984 fue mucho más interesante, musicalmente hablando, que todo lo que pasó en 1976 y 1977, cuando el punk montó su revival del rock n’ roll de vuelta a las raíces”. Tras la revolución liderada por Sex Pistols y The Clash, Reynolds plantea una división clara. Por un lado, estaban los puristas que creían que la música debía mantenerse alejada de las pretensiones para seguir siendo la vocera de la rabia callejera y por otro estaban los vanguardistas que rompieron con la tradición para sumar elementos de la electrónica, el dub, el funk o el reggae sin perjuicios. John Lydon estaba en el segundo grupo. Tras abandonar a Sex Pistols, desamarrarse de los hilos de Malcolm McLaren y enterrar bajo tierra su seudónimo de “Johnny Rotten”, Lydon montó Public Image Ltd como un vehículo para llevar su creatividad a los terrenos que su inquieto cerebro le dictara, dejándose ver como el artista inteligente, sensible y melómano que era, lejos de la imagen de anarquista anticristo creada de manera conveniente por su ex manager. En 1976, John Lydon era Johnny Rotten, y cuatro décadas más tarde, en 2016, Lydon aterrizaba en Chile por primera vez con PiL, cerrando un círculo improbable para quien alguna vez cantó contra todo y contra todos. Y ahora, en 2026, su regreso no es solo una visita más, es la confirmación de una trayectoria que ha hecho del cambio su única constante: tres años, tres momentos, una misma pulsión por redefinirse frente al tiempo. Coincidentemente, también podemos encontrar un nexo numérico con el acto de apertura. En el Chile de 1996, Colombina Parra lideraba Los Ex con guitarra en mano, una forma de grunge local que tuvo en “Caída Libre” un grito de libertad desde el cono sur que, al igual como lo hizo PiL con su debut, empujó al rock hacia territorios en el que la identidad no era el punto de llegada, sino que el de inicio. Acompañada de Pierre Delherbe (ex Dolce Vita) en la guitarra y Memo Barahona (ex Fiskales Ad-Hok, Hielo Negro) en batería, Parra lució cómoda presentando su catálogo en tracks como ‘Puta soy de Nueva York’, ‘Detrás del vidrio’ o ‘Jeep negro’ y también los clásicos de los Ex en ‘Tienen grandes camionetas’, ‘Vendo diario’, ‘Sacar la basura’ o ‘La corbata de mi tío’, iniciando esta última solo con su voz, su fender mustang y el apoyo de la gente hasta que Barahona dio la señal para integrar a la banda completa y levantar la canción a la estratósfera. Maravilloso. La configuración del trío es peculiar. Quizá los más ortodoxos extrañen el bajo, pero también es bueno cuando te sacan de la zona de confort y te enfrentan a un dueto de guitarras que a veces conformaban un solo bloque y otras corrían por carriles distintos, con Pierre añadiendo detalles con la palanca de tremolo mientras Colombina aplacaba los acordes. Por su parte, Memo se veía concentradísimo al lado derecho del escenario desde el público, nutriendo la presentación de la fuerza visceral que se necesitaba, en especial en el cover de Los Peores De Chile ‘Síndrome Camboya’ ilustrado por el retrato de Pogo en las pantallas de la Blondie. Si seguimos elaborando vínculos, las acciones ocurrían justo en un nuevo aniversario de la muerte de Joey Ramone, todo muy punk. No cabía duda de que Colombina Eléctrico iba a ser el complemento perfecto para el regreso de PiL, pero vivirlo es distinto. Sentir la fuerza de ‘La reina Isabel II (yo quiero ser de la monarquía)’, con Colombina usando su chaqueta hecha a mano y con su melena en la cara mientras los amplificadores escupían sátira fue el momento en que todo cobró sentido. Más que todas las relaciones numéricas que podamos hacer, lo de Colombina Eléctrico fue la colisión con un presente que late fuerte y el cumplimiento de una promesa: demostrar que acá en Chile también se hace buen ruido. Llegada la hora, PiL salió a demoler. Mirando el show en su totalidad, podemos apreciar que su música corre por dos caminos, uno directo y otro más complejo. La partida con ‘Home’ se entroncó en el primero, con el trémolo de Lu Edmonds dejando tu cabeza en círculos, pero con el nervio como eje principal. Por más inmediata que fuera la siguiente ‘Know Now’, Edmonds igual metía líneas siniestras, subterráneas y rebeldes que se combinaban a la perfección con el resto de los integrantes. El cover de Time Zone, ‘World Destruction’, también se inscribió en este grupo gracias al pulso seguro de las banquetas de Mark Roberts mientras Edmonds, el bajista Scott Firth y el mismo Lydon compartían las letras dejando espacio para que el baterista se luzca. En la segunda capa, estaban las canciones más demandantes como ‘Corporate’, con el bajo distorsionado de Scott Firth taladrando los sentidos, amén del alto volumen que se sentía en las primeras filas hasta la leve saturación. Estos son los momentos en que PiL agudiza su espíritu más combativo, se perfilan como cultores de lo oscuro con la repetición que aprendieron del dub y perfeccionaron usando el molde del industrial. ‘This Is Not a Love Song’ requería compromiso total y lo tuvo, el público prendió y se lanzó a la pista sin mediar, impulsados por el bit pegajoso de una ebullición auditiva que no dejó a nadie indiferente. El clímax de esta cara de PiL fue ‘Poptones’, espesa a más no poder, pero también minimalista y ambiental, casi gótica. Por su parte, ‘Death Disco’ desfiguró las guitarras de Edmonds, sumergidas en el reverb y el chorus, mientras el beat electrónico te atravesaba sin piedad. Cuando llega ‘Flowers of Romance’, la locura es total, Lydon mueve los brazos y baila ante los ritmos tribales de Roberts, al tiempo que Edmonds saca sonidos extraños de su mekons y Firth intercambia entre el bajo y el sintetizador para sumarse a este ritual que te hacía volver a lo más primitivo. Lydon es todo un personaje. No estamos diciendo que lo que vimos es teatro, pero tiene una personalidad provocativa a la que sabe sacarle provecho. En el público, había algunos que le levantaban el dedo de al medio, quizá buscando generar alguna reacción irascible del vocalista, pero sus intentos no llegaron a puerto. Una persona le gritó “fuck you” , y él, con esa sorna británica que es su marca patentada, le dijo “I’m not gonna fuck you! Are you jealous? I got your money, now fuck off’ (“No voy a joderte, ¿estás celoso? Ya tengo tu dinero, así que ahora puedes irte a la mierda”). En lo performático, es infalible, un entretenedor. Aquejado por el resfrío, lanzaba sus mocos desde su nariz al piso, escupía, gesticulaba y vivía cada canción con la pasión de siempre. La bailable ‘Warriors’ te pasaba por encima con Lydon empuñando su mano izquierda y desplegando sus mejores pasos de baile, mientras que la malévola ‘Shoom’ te envolvía en su hipnótico manto de electrónica pesada. Acá Lydon abría tanto los ojos que pensabas que se iban a salir de su cara y te provocaba gritando “¡Fuck off!” con suma insolencia. No es rabia punk, es soberbia industrial. Llegar a PiL sin pasar por Sex Pistols es demasiado raro, casi imposible. Por eso, los que querían punk lo tuvieron en la más Pistols del catálogo, ‘Public Image’, con la virulencia de Rotten mutando a Lydon traída al presente y abrazada por una audiencia que la vivió al máximo. El contraste tras el encore y un primer cigarrito fue el cover de Leftfield ‘Open Up’, que nos sumergió directo en las penumbras, tirando por la borda la broma que el mismo Lydon espetó antes de tocarla: “¡Hacen trabajar a una banda vieja para ganarse la vida!”. Nada más lejos de la realidad, el ritmo maquinal, el eco al fondo y pulso acelerado encendieron la fiesta vampírica con un desparpajo que ya se lo quisieran las bandas jóvenes. De viejos, nada. Dando vuelta la mesa, ‘Rise’ fue pura luz, con punks, góticos y melómanos en general unidos con los brazos arriba, gritando que ‘la ira es energía’ hasta dejar el alma en la Blondie. Tras el segundo cigarrito, ‘Annalisa’ encendió la cancha para quemar los últimos cartuchos, seguida de cerca por ‘Attack’, todo en un cúmulo de ruido disparado por Edmonds, mientras Firth y Roberts sostenían la instrumentación y Lydon pasaba a ‘Chant’, escupiendo las palabras sumido en la paranoia, con gestos bruscos como si dirigiera el camino hacia el apocalipsis. Con Lydon presentando a su equipo, anunciando el cumpleaños de Mark Roberts y, por supuesto, recalcando que PiL es una entidad fuera del sistema y que ninguna discográfica les dice qué hacer, hizo la misma dinámica viralizada en Argentina: pidió que el público le dijera lo que quisiera. Al final, lo que más se escuchaba era un cariñoso “¡Johnny, Johnny!” y ese momento dejó una postal muy llamativa: se vio a un Lydon emocionado, con los ojos casi lagrimeando, viendo al público a la cara con las luces de la Blondie ya prendidas y reconociendo que han sido “años difíciles”, lo que tiene sentido si hacemos la conexión con el deceso de su esposa Nora Forster en 2023. Ver a Lydon salir del personaje, al menos en la despedida del show, prende el switch de la reflexión. Siempre es más fácil destruir que construir, pero lo revelador es ver cómo Lydon hizo ambas cosas, primero demoler a Johnny Rotten, ese que pregonaba la anarquía en el Reino Unido desde 1976, y, luego, reconstruir su imagen pública para trascender más allá de un personaje y establecerse como el líder de un enclave esencial que los chilenos recién pudimos ver por primera vez en 2016 y por segunda en 2026. Tal y como en ese debut hace una década, el “vibrante sentimiento de urgencia” que Simon Reynolds le atribuye al post punk estuvo presente durante todo el concierto, y es la evidencia palpable de que PiL no solo transforma la ira en energía: la convierte en un motor creativo capaz de romperlo todo… y volver a empezar. Pablo Cerda S. Fotos: Hernán Urtubia Tags #PiL #Public Image Ltd #John Lydon #Colombina Parra Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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