Marty Friedman: "Chile es uno de mis países favoritos en todo el mundo" El guitarrista prepara su regreso a Chile por partida doble Martes, 03 de Noviembre de 2026 Tuvieron que pasar 34 años para que "Scenes" (1992), -uno de los discos más entrañables e introspectivos en la carrera solista de Marty Friedman- pudiera finalmente escucharse en vivo y de manera íntegra. En aquel entonces, cuando el virtuoso guitarrista decidió tomar un respiro del rodillo implacable de Megadeth para componerlo, no tenía una hoja de ruta ni la certeza de cómo reaccionaría el mundo del metal ante un álbum de pasajes contemplativos, románticos y orquestales. Convertido hoy en una pieza de culto, aquel experimento de libertad artística saldará su deuda pendiente en suelo nacional los próximos 13 y 14 de noviembre en Valparaíso y Santiago. A días de reencontrarse con la fanaticada local, conversamos con Friedman sobre el proceso detrás de esa obra cumbre, la complicidad creativa con el recordado Nick Menza, lecciones que moldearon su carrera y el profundo e indestructible vinculo que mantiene Chile, que celebra por igual la fuerza del metal y el corazón de sus melodías más profundas. “Los fans son el verdadero regalo para mí. Ellos son la razón por la que hago todo esto y quienes hacen posible que viva mis sueños”, nos cuenta. Dijiste que en Megadeth tocabas casi lo mismo cada noche y que hacer tu primer disco solista fue un respiro. ¿Qué fue lo primero que quisiste hacer distinto cuando tuviste la autonomía total de tu música? Cuando digo que tocar con Megadeth era "la misma vibra" cada noche, me refiero a que era una gran vibra. Cada noche era maravillosa; era como estar en la banda de heavy metal más grande del mundo. Por eso, cuando llegó el momento de hacer mi propia música como solista, tuve que mirar hacia adentro y pensar: “¿Qué más tengo para ofrecer?” Porque si solo hacía un disco de heavy metal, ¿cómo iba a competir con una de las bandas más grandes del planeta? Tenía que mostrar otro lado de mí: un costado orquestal, romántico, melancólico, apasionado... Simplemente me alejé del heavy metal. Y creo que, aunque en Estados Unidos suene raro, en un lugar como Chile, siento que incluso los fans del metal más pesado tienen un lado romántico, ¿verdad? En Latinoamérica la gente crece escuchando música muy ligada a esa raíz cultural. Los motivos melódicos son muy melancólicos, tristes y apasionados, y tienen un poder emocional enorme. En Estados Unidos no crecimos con eso; allá es como "heavy metal o muerte", ¿sabes a qué me refiero? Por eso siento que en Chile y en Latinoamérica aceptan mi lado romántico mucho más que en otros lugares, y por supuesto que me hace muy feliz. ¿Qué descubriste de ti mismo en 1992 al bajar las revoluciones y componer desde la calma y el romance? Fue una experiencia totalmente nueva y no tenía idea de cómo iba a resultar. Solo di lo mejor de mí, sin experiencia previa haciendo ese tipo de música. Pero mientras iba pasando, pensé: "Wow, esto es súper natural, está funcionando, está quedando increíble y lo estoy disfrutando". No tenía una hoja de ruta ni sabía muy bien lo que estaba haciendo. Estaba rodeado de buena gente, pero igual tuve que escribir toda la música yo mismo. Creo que tuve muchísima suerte. Los músicos que nos leen o escuchan saben que en la música uno intenta mil cosas; lanzas ideas al aire esperando que al final algo se sienta bien. He fracasado cien veces más de las que he triunfado, y “Scenes” fue una de esas veces en las que tuve una suerte increíble. Probé algo nuevo y funcionó. ¿Te sorprendió que a los fans del metal les encantara el disco? Sí, me sorprendió mucho la respuesta, sobre todo de la gente en Sudamérica. Todavía hoy se me acercan muchos a hablarme de ese álbum. A tal punto que los promotores de allá me pidieron hacer una gira completa tocando “Scenes” de principio a fin. Eso me hace sentir muy, muy feliz. Tocar todo el álbum en su totalidad es algo que nunca había hecho en ninguna otra parte del mundo, así que es súper emocionante y fresco para mí y para mi banda. Si sacas un disco y la gente lo recuerda por un mes, te sientes bien, pero que te lo sigan recordando 34 años después es increíble. Es como un regalo para los fans. Los fans son el regalo para mí, eso es todo lo que puedo decir. Ellos son la razón por la que hago esto y quienes hacen posible que viva mis sueños. Lo celebramos juntos. Grabaste la batería al final. ¿Cómo fue escuchar a Nick Menza tocar de una manera diferente y ver que funcionó tan bien? Yo sabía que él no era solo un baterista de thrash/heavy metal. Siempre supe que tenía mucho más para ofrecer porque es una persona muy musical; pensaba en la música de forma integral, no solo como un baterista. Y eso era algo muy poco común en esa época. En los 80 había muchísimas bandas de thrash y todas tenían buenos bateristas, pero estaban tan enfocados en el estilo que terminaban sonando muy similares entre sí. Sin embargo, yo sabía que si hacía que Nick tocara en “Scenes”, él iba a entender perfectamente la atmósfera, las texturas románticas y los matices. Por supuesto, no sabía cómo iba a salir hasta que entró al estudio. Como no hice demos previos del disco, lo armamos sobre la marcha; y cuando llegó, simplemente la rompió. Fue una experiencia súper fácil y se notaba que lo disfrutó muchísimo, porque era algo distinto a lo que solía hacer todos los días. Escuché que ‘Valley of Eternity’ es tu canción favorita del disco. ¿Por qué es tan especial para ti? Creo que sí, es mi favorita porque fue tan fluida... Ni siquiera recuerdo haberla escrito o grabado. Simplemente salió. La mayoría de mis cosas, especialmente en álbumes recientes como “Drama” (2024), me demandan trabajar más de un año en una sola canción, cambiando constantemente de tonos, tempos, demos, estudios, músicos e instrumentos. Pero ‘Valley of Eternity’ solo fluyó, y no recuerdo haberme estresado trabajando en ella; salió muy rápido. Ojalá hubiera tenido más experiencias así. Escribir música es como tener una conversación silenciosa con una versión pasada de ti mismo. ¿Con qué versión de ti mismo hablas más? Con la versión actual, seguro (risas). Pero es gracioso, porque al prepararme para tocar “Scenes” en esta gira, he tenido que volver atrás y escuchar a mi yo del pasado. Era muy primitivo; no tenía tanta experiencia de vida ni el bagaje musical que he acumulado con los años, sobre todo en las últimas dos décadas viviendo en Japón. Así que la profundidad de mi música actual es muy distinta a la de entonces, pero le encuentro una ternura especial. Mirar hacia atrás es como ver a un niño pequeño y tener la oportunidad de volver a ser ese niño por un momento. Espero que eso también se transmita al público. ¿Qué es algo que sabes ahora sobre componer música que en los 80 te habrías negado a creer? En esa época lo único que me importaba era la guitarra. Pensaba: “¿Qué significa esto para la guitarra? ¿Qué tan genial es esta parte de guitarra? ¿Qué tan interesante es esta parte de guitarra?”. Y si escuchas la canción, tal vez digas: "Bueno, la canción a lo mejor es una mierda, pero si escuchas el trabajo de guitarra, algunas partes son geniales". Pero yo no me concentraba en nada más que en la guitarra. Ahora diría que me concentro en todo lo demás, porque lo demás es lo que hace que la guitarra suene muchísimo mejor. Si tienes una gran parte de guitarra sobre un fondo terrible, no funciona. En mis primeros trabajos de la adolescencia, las partes de guitarra sonaban bien, pero al resto no se le puso el mismo empeño. Esa es la principal diferencia. Y a lo largo de tu carrera has tomado decisiones muy audaces que otros músicos quizás evitarían por miedo. ¿Cuál dirías que fue el peor consejo de "estrategia comercial" que te dieron y que felizmente ignoraste? Oh, buena pregunta. Bueno, en realidad nunca recibí tantos malos consejos, pero te diré uno bueno. Cuando era adolescente tenía un mánager que me dijo: “No te emociones solo porque a algunas personas les gusta tu música. Hay mucha gente que no la conoce o que directamente no le gusta”. Cuando eres joven y a alguien le gusta lo que haces, te emocionas y crees que eres lo máximo. Pero él me dijo: “No te emociones por eso. Solo cállate y escribe mejor música”. Todavía llevo ese recuerdo conmigo. Por supuesto que aprecio cuando a la gente le gusta lo que hago, pero eso no hace que se me suba el ego. Sí, se nota. Eres alguien súper sencillo y aterrizado. Te lo agradezco. Pero probablemente sea por ese mánager. Cuando era adolescente tenía un ego gigantesco y pensaba: "¡Qué gran guitarrista soy!". Pero él me aconsejó bien. Has sido un gran fan de Kiss desde que eras niño, y alguna vez mencionaste que te gustaba que los cuatro miembros tuvieran el mismo protagonismo. ¿Es esa la vibra que buscas para tu propia banda? Sí, me gusta mucho esa dinámica. Es muy importante, especialmente siendo una banda liderada por una guitarra. Me aburriría muchísimo mirar a un solo guitarrista durante noventa minutos. Por eso en mi banda cada integrante tiene su momento bajo el reflector. Tal vez me conozcas a mí, pero cuando veas nuestro show te vas a ir pensando: ¡”Los músicos de esta banda son geniales!”. Probablemente los recuerdes a ellos más que a mí, y así es como quiero que sea. ¿Cuándo fue la última vez que una canción tuya te sorprendió, en el buen o en el mal sentido? Justo como la canción de la que hablábamos antes, ‘Valley of Eternity’: nunca la habíamos tocado en vivo. Así que cuando empezamos a ensayarla para esta gira de “Scenes”, nos pusimos a trabajar en ella y me sorprendió que fuera muy fácil de tocar. Me sorprendió que sonara justo como en el disco. Siempre tuve una imagen casi mágica de esa canción porque pasaron 34 años sin tocarla. Mucha gente dice que le gusta, y a mí también, así que siempre pensé que tal vez nos iba a costar. Pero una vez que empezamos a ensayarla, me sorprendió ver que estábamos listos para tocarla. Eso fue muy sorprendente; pensé que iba a haber muchas más dificultades para lograr que todo sonara simplemente bien. Para terminar, Marty: ¿podrías mandarle un mensaje rápido a la comunidad de Rockaxis y a tus fans en Chile que te esperan para el show? Chile es uno de mis países favoritos en todo el mundo. A mi banda le encanta estar allá, a mí me encanta estar allá: la gente, la música, la comida. Es un lugar maravilloso y estamos honrados de que nos hayan invitado a volver. No puedo esperar a ver las caras de todos cuando toquemos este material que estuvo guardado en una caja durante 34 años. Por supuesto que tocaré temas de todas mis etapas, pero esto es súper emocionante para mí y para mi banda. ¡Chile, los queremos mucho, no podemos esperar a vernos! Bárbara Henríquez Tags #Marty Friedman #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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