Kim Gordon PLAY ME Jueves, 02 de Abril de 2026 2026. Matador Records "No tenía problemas a la hora de hablar con otros artistas, pero no sabía como hacerlo con los músicos. No sabía muy bien qué aspecto se suponía que debía tener y, la mayor parte del tiempo me veía anticuada y con pinta de nerd", sentenciaba Kim Gordon en pleno 2015, cuando se lanzaba la primera edición del libro "Girl in a Band", la radiografía profunda que en sus líneas guardó más de una verdad. Levantó velos para quienes Sonic Youth fue una brújula sonora; sin embargo, para quienes seguían de cerca la carrera de Kimlet, siempre supieron que detrás de gran banda, existieron puntos de fuga que germinaron en la mente de una mujer, madre, creativa de alma punk. Lejos de desarrollar argumentativas que se plasman muy bien en las casi 350 páginas del texto, lo cierto es que Gordon encontró en los rizomas artísticos un vasto escape a la realidad, una posibilidad de construcción crítica de la interpretación del colectivo, e incluso, la impertérrita posibilidad de expresar de forma codificada, lo que la sociedad no te permite decir. En este sentido, su trabajo incansable en la música, literatura, moda y ensayos críticos, dejan de manifiesto que, para las mujeres, transformarse en inspiración conlleva cabeza, persistencia y profunda rebeldía. Si en "The Collective" (2024) primaba lo que algunos denominan roto y mundano, en "PLAY ME" se releva el art-punk como codificación visual, las texturas como aproximaciones culturales geo-locales, y el rap como una ruptura a su propio establishment. Lo nuevo de Kim Gordon se despliega en 12 estaciones que profundizan en el spokenword, los ritmos industriales y el rap experimental. Son aproximaciones que ya venía explorando en trabajos y colaboraciones anteriores, pero que aquí adquieren una forma más definida, sostenida por la contundencia del bajo a lo largo de sus 30 minutos. Trabajando una vez más junto a Justin Raisen, productor pop con raíces punk de la Costa Este, al igual que Gordon, los ritmos aquí se sostienen en fuentes menos novedosas que en sus dos discos anteriores en conjunto. Aun así, el resultado es un sonido más enfocado y adictivo que su predecesor, con letras que satirizan la era tecnológica, la cultura de internet y el panorama político actual. Más rítmico y centrado en el boom-bap y el rap experimental que su obra anterior, el álbum también incorpora guitarras pesadas, cercanas al estilo de Sleigh Bells, junto a una clara influencia del trip hop, en sintonía con las raíces sonoras de Beth Gibbons. Tracks como 'NO HANDS', 'DIRTY TECH' y 'BUSSY BEE', destacan por un minimalismo narrativo que deja en jaque la necesidad jocosa de embellecimiento de lenguaje. Este acto más que estético, deja en claro otra variable política de lucha contra la necesidad de atención respecto de la escritura emocionalmente vacía, porque deja en claro que la primera bandera de lucha, es romper contra las narrativas unificadoras y carentes de alma, producidas por la frivolidad de lo artificial, mismas que hoy se toman los conductos de comunicación social tradicional. En cuanto a la batalla cultural, Kim Gordon deja en claro que esta decisión minimalista, no es una carencia unívoca, sino que es polisémica y polisimbólico -si de términos antropológicos hablamos-. La crítica cultural planteada en 'POST EMPIRE', revela algo más que una sencilla crítica al deber-ser, ya que por medio de la ironía resuelta en el spokenword, avanza a dar cuenta de las variables que construyen el entramado del silencio en sociedades que concentran burdamente el poder, como estados unidos. Misma argumentativa que se sostiene en 'BYEBYE25!'; no obstante, es en este track donde las sonoridades acompañan la verdadera performance escritural: sin tibiezas, sin vacilaciones, sin belleza, ni pretensiones. En efecto, "PLAY ME" se instala como uno de los trabajos más experimentales de Kim Gordon, no solo por la mixtura de influencias, sino por la forma en que estas operan como un diálogo sincrético donde la cultura irrumpe precisamente en los márgenes, en esos fragmentos que el orden dominante insiste en mantener separados. Aquí, la hibridez no es un recurso estético, sino un posicionamiento. Gordon toma este disco como una verdadera praxis política, articulando un lenguaje que desarma categorías, tensiona estructuras y expone las fisuras de un sistema que busca homogeneizar la experiencia. En ese gesto, no sólo propone una escucha, sino una toma de posición, entender que lo experimental también puede ser un acto de resistencia frente a la neutralización cultural. Que el minimalismo narrativo también puede ser una forma de expresión, que el miedo a romper con la belleza retórica deviene también como expresión de la escalada de lo artificial en espacios que son por esencia humanos, por ende, imperfectos, erróneos y problematizables. Si el sonido se vuelve campo de disputa, entonces la pregunta ya no es solo qué estamos escuchando, sino desde dónde y para qué lo hacemos. Karin Ramírez Raunigg Tags #Kim Gordon #Justin Raisen Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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