''The Black Parade'': El infierno de My Chemical Romance Su tercer álbum, veinte años después Viernes, 23 de Octubre de 2026 Todo comienza con un sol. No el sol. Un sol. Una nota musical. En la pantalla agoniza un hombre. Está en una habitación de hospital, mientras una voz emerge del televisor al son del piano: "When I was a young boy…". Los muros caen y, pronto, el moribundo se encuentra ante un escenario tan desolador como pintoresco: una ciudad en ruinas y una procesión fúnebre que avanza entre figuras espectrales. A la cabeza, cinco músicos vestidos con uniformes negros interpretan una canción que, sin saberlo, los llevará a lo más alto de su carrera. Pero lo que tampoco saben es que ese ascenso no los conducirá al cielo. Los llevará al infierno. Un infierno del que aún no pueden salir. O, tal vez, no quieren salir. Veinte años atrás, el 23 de octubre de 2006, My Chemical Romance publicó en Europa su tercer álbum, "The Black Parade". Y es que, guste o no, el disco no solo es su placa más aclamada, sino también uno de los lanzamientos más importantes de la década para el rock a secas. Su relevancia se manifiesta tanto en el aspecto comercial (multiplatino en Estados Unidos y Reino Unido) como en el musical (una mezcla de sonidos que van desde el emo al glam rock, pasando por el heavy metal y, cómo no, el pop). A ello se suma una identidad visual y narrativa comparable, en cuanto a su teatralidad, con la de bandas como Misfits o KISS. Pero todo eso ya está más que dicho. Es difícil hablar de "The Black Parade" y encontrar algo novedoso que añadir, pues el álbum, a estas alturas, es un fenómeno cultural. Y, como todos los fenómenos culturales, es importante entender de dónde surge. En internet circula incluso una teoría sobre el efecto mariposa desencadenado por la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y que terminaría conduciendo al nacimiento de My Chemical Romance. Gerard Way presenció la catástrofe mientras iba de camino a Nueva York, donde realizaba una práctica como dibujante en Cartoon Network. El acontecimiento lo impulsó a reemplazar el lápiz por el micrófono y, de ahí en adelante, todo es historia. Ya para 2002, Way había reclutado al guitarrista Ray Toro, a su hermano Mikey Way (quien aprendió a tocar el bajo en tiempo récord) y al baterista Matt Pelissier. En apenas unos meses, la banda compuso y grabó su primer larga duración, "I Brought You My Bullets, You Brought Me Your Love", producido por nada más y nada menos que Geoff Rickly, vocalista de Thursday, una de las bandas fundamentales para entender esa época de transición del emo (y de géneros adyacentes, como el post-hardcore) entre finales de los años noventa y comienzos de los dos mil. Aquella influencia moldearía, en gran parte, el sonido dominante de este primer álbum y, parcialmente, el de su sucesor. La obra tuvo una repercusión modesta, limitada principalmente al ecosistema underground que frecuentaba el conjunto, pero no pasó desapercibido entre quienes vieron su potencial. Tras la incorporación del segundo guitarrista, Frank Iero, quien se sumó pocos días antes de comenzar las grabaciones de dicho trabajo y contribuyó en dos de sus canciones, los músicos firmaron con Reprise, lo que los llevó a trabajar con el experimentado productor Howard Benson. El trabajo con Benson dio sus frutos, tanto en la maduración del sonido como en la consolidación de la estética que Way y compañía venían cultivando con cada vez más notoriedad. El ahora quinteto refinó su sonido agresivo y "maquilló" la estética oscura y desgarradora de su debut, entregándole un componente más amigable con la radio o, lo que era aún más esencial en aquella época, la televisión. Sencillos como 'Helena', 'I’m Not Okay (I Promise)' o 'The Ghost of You' se beneficiaron enormemente de la constante rotación que les daban canales como MTV, gracias a sus videoclips de carácter cinematográfico, pavimentando el éxito mundial del segundo álbum: "Three Cheers for Sweet Revenge". En retrospectiva, puede resultar curioso cómo Way y Benson transformaron una docena de canciones sobre la muerte, la pérdida, la culpa y hasta la historia de una pareja de asesinos en un álbum atiborrado de hits radiales. El talento era innato y el sello aprovechó el impulso que les había dado el éxito doblando la apuesta y entregando al conjunto un presupuesto considerablemente mayor, a fin de cumplir las expectativas teatrales que el vocalista había concebido para su nuevo proyecto. Durante la primera mitad de 2006, My Chemical Romance se instaló en la mansión Paramour para desarrollar parte de la composición y preproducción de su siguiente trabajo, antes de trasladarse a los estudios donde completarían las grabaciones. Se trataba de un álbum conceptual desarrollado bajo la supervisión del productor Rob Cavallo, quien, entre otras cosas, ya había logrado el éxito con un proyecto de ambiciones similares: "American Idiot", de Green Day. Este ambiente permitió que Gerard Way diera rienda suelta a su imaginación y diseñara su propia fantasía sobre una de sus más grandes obsesiones: la muerte. Al escuchar las 14 pistas que componen "The Black Parade" -incluyendo la canción oculta 'Blood'-, aparecen varias particularidades, no solo musicales, sino también narrativas. Si bien se trata de un álbum conceptual, no todas las canciones "hablan" de lo mismo. Esto es algo que, en cierta medida, también ocurre en los trabajos anteriores. "Bullets…" introduce la historia de los "Demolition Lovers", una pareja de amantes cuyo destino sirve como punto de partida para el concepto desarrollado en "Three Cheers...", donde uno de ellos debe asesinar a mil hombres malvados para recuperar el alma condenada de su amada. En "The Black Parade", en cambio, el relato sitúa a My Chemical Romance adoptando el alter ego de "El Desfile Negro", una especie de banda que guía y acompaña a las almas durante su transición hacia la muerte. En ese contexto, las distintas canciones aluden a temas como las enfermedades (físicas o mentales), el desamor, la guerra o, incluso, la religión. Uno podría limitarse a citar el calvario que los integrantes del quinteto vivieron durante las extensas jornadas de trabajo. A fin de cuentas, cada magnum opus cuenta con su propio mito fundacional. Tanto Way como sus compañeros de banda han relatado la tensión constante que los embargó durante los meses de encierro, incluyendo crisis personales y problemas de salud mental que llevaron a Mikey Way a alejarse temporalmente para recibir tratamiento. A ello se suman los relatos sobre supuestos fenómenos paranormales en la mansión Paramour, desde apariciones fantasmales hasta otros acontecimientos difíciles de explicar. También están los constantes terrores nocturnos que sufrió el vocalista durante el proceso y que finalmente quedaron retratados en 'Sleep'. Más allá de cuánto haya de mito en estos relatos, la oscuridad claramente acompaña al resultado final y la banda exacerbó cada uno de esos aspectos a través de una iconografía que rompió la barrera musical hasta instalarse como un fenómeno de la cultura pop, con referencias en distintos medios gracias a las ilustraciones del álbum, los videoclips o los ya característicos uniformes de inspiración circense. El mismo Gerard Way ha explicado que una de las primeras ideas para el disco giraba en torno a una representación del infierno, concepto que terminaría transformándose en el viaje hacia el más allá de "El Paciente" (el hombre agonizante del video de 'Welcome to the Black Parade'). Todo esto está representado también en la música, que evidencia una importante evolución. Desde el principio My Chemical Romance intentaba desprenderse de las etiquetas que los medios de comunicación le atribuían, muchas veces inspirados en un desconocimiento profundo de los sonidos que proliferaban en el underground estadounidense. Claro que la banda había nacido literalmente en el seno de la tercera oleada del emo, el quinteto siempre había buscado ir un paso más allá. Es fácil -y también recurrente- atribuirle todo el crédito a la visión de Way por el éxito de la banda, pero la verdad es que uno de los elementos más relevantes para distinguir el sonido de My Chemical Romance del de otras agrupaciones similares es su guitarrista principal, Ray Toro. El músico ha citado innumerables veces a guitarristas clásicos del rock, como David Gilmour (Pink Floyd) o Brian May (Queen), entre sus principales influencias, y estas fueron haciéndose cada vez más palpables en las composiciones del conjunto. En su primera placa, Toro es sucio ('Honey, This Mirror Isn’t Big Enough for the Two of Us', 'Drowning Lessons'), mientras que en la segunda los riffs alcanzan un nivel excepcional de sofisticación ('Thank You for the Venom', 'Cemetery Drive'). En "The Black Parade", Toro alcanza uno de sus puntos más altos de virtuosismo. El carácter épico de composiciones como 'Dead!', 'The Sharpest Lives' o 'House of Wolves' le permite desarrollar una serie de solos y fraseos que contribuyen a convertir el disco en una pieza fundamental de aquello que algunos llaman ópera rock o rock de estadio. El talento de Toro, por supuesto, no desmerece el trabajo de su acompañante, Frank Iero, quien cumple una función excepcional junto a Mikey Way en lo que respecta a la base rítmica y armónica de las canciones. Por su parte, Bob Bryar destaca en su debut como baterista de estudio del conjunto, ofreciendo una impresionante variedad de ritmos y patrones que dejan ver tanto su naturaleza punk rock como una versatilidad que le permite pasar de los ritmos frenéticos a los aires de swing y las marchas militares. Todo ese junte es caldo de cultivo para la elaboración de un álbum que luego mezclaría Chris Lord-Alge, el ingeniero que ese mismo año fue responsable de mezclar trabajos esenciales del género como "Define the Great Line", de Underoath, el segundo álbum de Billy Talent o el homónimo de Saosin. El desafío con "The Black Parade", sin embargo, implicó ordenar una enorme cantidad de sonidos e instrumentos, tanto eléctricos como orquestales, de tal manera que la voz de Way se mantuviese nítida sobre una densa cama de arreglos musicales. Pese a la grandilocuencia de las composiciones, cada elemento debía encontrar su lugar en la mezcla sin perder la fuerza del conjunto. También hay que reconocer el gran salto que dio Gerard Way en su capacidad vocal. El álbum abre, irónicamente, con 'The End.', mediante la cual el frontman invita a la audiencia, con su voz suave, a sumarse a la narrativa del disco. Una característica de esta canción, que estará presente a lo largo de buena parte del álbum, es que Way siempre parece estar a punto de quebrarse, como si, al igual que "El Paciente", estuviese agonizando. Cada canción está diseñada para que el vocalista del conjunto se desenvuelva con la épica que requiere el relato. El clímax de ¿The Sharpest Lives' le entrega la oportunidad de dar rienda suelta a sus recursos vocales, así como 'I Don’t Love You' rescata gran parte del melodrama juvenil que lo caracterizó en sus entregas pasadas. Por su parte, las piezas más íntimas, como 'Disenchanted' o 'Cancer', ofrecen una pausa ante la extravagancia del disco, aunque no necesariamente un descanso emocional. En ellas, los músicos reducen la escala instrumental para construir atmósferas más contenidas, donde la vulnerabilidad del relato queda aún más expuesta. Particularmente en 'Cancer', la crudeza de la letra y la interpretación vocal demuestran que no hace falta una instrumentación monumental para transmitir el dramatismo que atraviesa el álbum. En este punto es importante destacar la cuidada estructura del disco, mediante la cual el conjunto logra construir su viaje a través del más allá. En el tracklist conviven distintos movimientos dramáticos caracterizados principalmente por la grandilocuencia, el humor negro, la intimidad y la desesperación. Ante esta diversidad, Gerard Way oficia como un maestro de ceremonias extraordinario que imprime el tono necesario a las canciones. Pero detrás de su interpretación también destaca la labor del conjunto, apoyado por una fuerte orquestación que incluye desde el piano recurrente hasta instrumentos de cuerda, vientos y percusiones. Esa variedad se hace evidente en la atmósfera opresiva que alcanza 'House of Wolves', un verdadero descenso a la locura en el que los tambores de Bryar y la guitarra de Toro compiten constantemente con el desplante de Way, quien se mete en el personaje de un predicador que reconoce frente al mundo que está condenado. O cómo no hablar de 'Mama', que incorpora la participación de nada más y nada menos que Liza Minnelli y recuerda de manera más evidente esa estética circense que, hasta cierto punto, convive con lo desarrollado por sus contemporáneos de Panic! At The Disco en su álbum debut, "A Fever You Can’t Sweat Out". En el caso de estos últimos, sin embargo, aquella teatralidad convergía aún más hacia el pop, mientras que My Chemical Romance la vinculaba con las marchas fúnebres, el cabaré y las tradiciones del rock clásico. Y, por supuesto, la mismísima 'Welcome to the Black Parade', que en más de una ocasión ha sido señalada como una "versión emo" de la emblemática 'Bohemian Rhapsody', de Queen, tanto por su estructura dividida en secciones como por la diversidad de elementos barrocos que conviven con la rabia del punk. Desde aquella tímida nota de piano hasta el estallido de guitarras y voces que conduce la canción hacia su desenlace, la composición funciona como una síntesis de prácticamente todas las ambiciones musicales del conjunto. Lo extraordinario de "The Black Parade" no radica únicamente en su virtuosismo, su teatralidad o la cantidad de influencias que logra reunir, sino en la capacidad de articular todos esos elementos sin perder la identidad que My Chemical Romance había construido desde sus primeros años. Lejos de abandonar sus orígenes, la banda consiguió llevarlos hacia un terreno en el que prácticamente cualquier recurso musical parecía tener cabida. Aquí alguien podría preguntarse: ¿es realmente My Chemical Romance una banda emo? Sinceramente, a nadie le importa. O, al menos, a nadie debería importarle. Como tantos otros actos contemporáneos, la banda siempre renegó de dicha etiqueta. Pero de lo que no podía renegar era del tremendo legado que estaba dejando para la posteridad. No solo por la cantidad de ventas que acumulaba, el éxito de sus giras o el impacto que acompañaba al álbum como tal. Ahora surgía otra cuestión más importante y aún más terrible: ¿qué sigue? No es exagerado pensar que, tras el lanzamiento y éxito de "The Black Parade", la banda terminó sumergida en una especie de pozo (o tumba) del que resultaría particularmente difícil salir. Los cuatro años que separan este disco de su sucesor, "Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys", dan cuenta de lo complejo que fue encontrar una nueva dirección. Más aún si consideramos que My Chemical Romance dedicó cerca de dos años a recorrer el mundo promocionando el álbum y que, entretanto, publicó el disco en vivo “The Black Parade Is Dead!”, que incluía la interpretación íntegra de la obra grabada en el Palacio de los Deportes de Ciudad de México, junto a un DVD que también recogía un concierto en el pequeño recinto Maxwell’s, de Hoboken, Nueva Jersey. Eso sin considerar el EP "The Black Parade: The B-Sides", del 2009, que recopiló rarezas como 'My Way Home Is Through You' o 'Kill All Your Friends', consideradas entre las favoritas de la fanaticada más acérrima. Nada malo hay en explotar una obra que, por su carácter ambicioso, puede ofrecer mucho más de lo que aparenta. El problema es que, tras dos años de giras, la banda terminó tan exhausta del formato que, en entrevistas posteriores, sus integrantes admitieron que, al sentarse a planificar el siguiente álbum, se prometieron que este no sería conceptual ni incluiría disfraces, maquillaje o elementos estéticos dominantes. ¿Spoiler? No lo cumplieron. O, más precisamente, lo cumplieron, pero el resultado no los satisfizo. De aquellas sesiones de 2009 nació el material que más tarde conoceríamos como "Conventional Weapons", una serie de diez canciones publicadas entre octubre de 2012 y febrero de 2013, en cinco tandas de dos pistas. Se trataba de los descartes de lo que originalmente debía ser su cuarto álbum, grabado bajo la producción de Brendan O’Brien, pero que no logró convencer al conjunto. Pese a que entre aquel material había piezas que se transformarían en algunas de las favoritas de su público, como 'Boy Division' o 'The Light Behind Your Eyes', la banda decidió desechar el proyecto e iniciar prácticamente desde cero uno nuevo. Después de su gira de reunión, My Chemical Romance volvió a encontrarse con su obra más emblemática. En octubre de 2024, el grupo interpretó íntegramente "The Black Parade" durante el festival When We Were Young y, apenas unas semanas después, anunció su megagira "Long Live: The Black Parade", que comenzó en Norteamérica durante 2025 y se extendió en 2026 por Latinoamérica, Asia y Europa. A través de ella, los músicos volvieron a interpretar de manera íntegra el disco que los había catapultado al estrellato. Como era de esperarse, el tour incluyó toda una puesta en escena mediante la cual el álbum adquiría una nueva narrativa, engrosando aún más su teatralidad e iconografía. Incluso podría decirse que esta versión en vivo tomó algunos recursos de "Danger Days", pues jugó con la idea de un futuro distópico y dictatorial, con reminiscencias de la novela "1984", de George Orwell. La gira resignificó la estética de la banda y su vínculo con su magnum opus, incluso a su paso por Latinoamérica a comienzos de 2026, donde expandieron todavía más el concepto, dejando una serie de easter eggs a los que los fans intentaron dar sentido como si se tratara de un verdadero rompecabezas. Pero todo esto, más que responder alguna interrogante, abre nuevas puertas. Puertas difíciles de cerrar. De alguna forma, pareciera que, veinte años más tarde, My Chemical Romance sigue perdido en el limbo al que descendió a través de una tímida nota sol. Vagando como "El Paciente", el grupo parece incapaz de salir del infierno al que ascendió. Tras el anuncio de las nuevas ediciones conmemorativas del álbum por estas dos décadas, tanto en vinilo como en CD, el cuarteto sigue encontrando formas de celebrar esa marcha fúnebre que, en realidad, nunca anunció el final. Fabián Escudero Tags #My Chemical Romance #The Black Parade #Gerard Way #Ray Toro #Frank Iero Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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