Gorillaz: Cumbres y causas La banda virtual regresa con un nuevo capítulo en su historia Viernes, 24 de Abril de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #273, marzo de 2026. A poco más de 25 años de su irrupción como la banda virtual más influyente del pop contemporáneo, Gorillaz vuelve con “The Mountain”, un disco atravesado por la pérdida, la espiritualidad y la búsqueda de sentido. Entre viajes a India, colaboraciones globales y una reflexión íntima sobre la muerte, Damon Albarn y Jamie Hewlett firman uno de los capítulos más personales del proyecto. Fernanda Hein Desde su debut a comienzos de los años 2000, Gorillaz ha sido una anomalía brillante dentro del pop contemporáneo. Concebido por Damon Albarn y el ilustrador Jamie Hewlett, el proyecto nació como una banda virtual, pero pronto se transformó en algo más ambicioso: un laboratorio musical donde conviven hip hop, electrónica, rock alternativo y tradiciones sonoras de distintas partes del mundo. Más de dos décadas después, ese espíritu mutante sigue intacto. El grupo acaba de publicar "The Mountain", su noveno álbum de estudio, un trabajo marcado por la muerte de los padres de Albarn y Hewlett, y por un viaje creativo a India que terminó moldeando tanto el sonido como el sentido del disco. El resultado es una obra introspectiva y espiritual que vuelve a demostrar que Gorillaz no es solo un concepto visual: es también un vehículo para explorar la condición humana. Un experimento que redefinió el pop Cuando Gorillaz apareció en 2001 con su álbum debut homónimo, el proyecto parecía una provocación más que una banda tradicional. La idea de un grupo ficticio, integrado por personajes animados, permitía a Albarn experimentar con total libertad estética. Aquella libertad fue clave para que el proyecto evolucionara rápidamente desde el trip hop y el rap alternativo hacia territorios mucho más amplios. Discos como "Demon Days" (2005) o "Plastic Beach" (2010) consolidaron la reputación del grupo como uno de los proyectos más innovadores del siglo XXI: un espacio donde podían coexistir figuras como De La Soul, Lou Reed, Snoop Dogg y Bobby Womack, entre otros. Esa lógica colaborativa se volvió el ADN del proyecto. Con el paso del tiempo, Gorillaz se convirtió también en una especie de cartografía musical global. Albarn, siempre fascinado por los cruces culturales, fue integrando sonidos de distintas partes del mundo para consolidar esta estética sonora: desde influencias africanas, árabes, latinoamericanas y asiáticas hasta múltiples tradiciones que ampliaron su paleta musical. En ese sentido, “The Mountain” no representa una ruptura, sino una profundización de esa vocación cosmopolita. Es precisamente desde esa tradición de mestizaje sonoro que aparece este álbum de Gorillaz y que, más que inaugurar una etapa completamente nueva, parece reafirmar el propósito original del proyecto. Un cuarto de siglo después de que Damon Albarn y Jamie Hewlett imaginaran a 2D, Murdoc, Noodle y Russel como una provocación contra la artificialidad del pop, el concepto de “banda virtual” dejó hace tiempo de ser un chiste irónico para transformarse en un vehículo creativo sorprendentemente flexible. En un presente donde los ídolos digitales y las estrellas generadas por computadores son cada vez más comunes, Gorillaz se siente menos como una rareza y más como una idea adelantada a su tiempo. Así, “The Mountain”, en ese sentido, no llega como una reinvención radical, sino como una confirmación y recordatorio de por qué este proyecto existe y de lo que todavía puede decir sobre el mundo que lo rodea. El duelo como punto de partida Si algo distingue a este trabajo dentro del catálogo de Gorillaz es su origen emocional. Durante el proceso de creación, tanto Albarn como Hewlett atravesaron pérdidas familiares profundas: sus padres murieron con apenas 10 días de diferencia. Aquella coincidencia, dolorosa y difícil de procesar, terminó filtrándose inevitablemente en el proyecto. Aunque Gorillaz siempre ha sido un espacio de experimentación sonora y conceptual, esta vez el impulso creativo nace de un lugar mucho más íntimo. El disco no surge únicamente de la curiosidad musical del también vocalista de Blur, sino también de la necesidad de encontrar algún tipo de sentido en medio del duelo. El propio Albarn ha reconocido que esa experiencia influyó directamente en el enfoque del álbum. «Había una narrativa muy larga y bastante sombría que implicaba muchas muertes trágicas», señaló el músico al describir el contexto en que comenzó a tomar forma el disco, en una entrevista con la periodista australiana Karen Leng. La frase no solo alude al estado emocional que rodeó la composición, sino también a la dimensión conceptual del proyecto. Y es que “The Mountain” se plantea como una reflexión extendida sobre la pérdida, la memoria y la persistencia de las voces que ya no están. En ese proceso, el tan comentado viaje a India adquirió una dimensión que fue mucho más allá de la simple exploración musical. Damon viajó al país asiático en medio del duelo e incluso llevó las cenizas de su padre, Keith Albarn, hasta el río Ganges, en un gesto profundamente simbólico. «India es un lugar muy interesante para cargar con el duelo, porque tienen una visión muy positiva de la muerte», explicó posteriormente en una entrevista con NME. En una cultura donde la muerte se entiende como parte de un ciclo espiritual y no como un cierre definitivo, el músico encontró una perspectiva distinta desde la cual enfrentar la pérdida. Ese contacto con una cosmovisión donde la muerte forma parte de una continuidad, y no de una ruptura absoluta, termina impregnando todo el álbum. Algunas canciones fueron escritas literalmente en medio de ese proceso emocional. ‘The sweet prince’, por ejemplo, surgió poco después de la muerte de su padre, mientras Albarn lo acompañaba durante sus últimos días en el hospital. En ese contexto, el disco se escucha menos como un disco sobre la pérdida que como un intento de comprenderla. Más que recrear el silencio del duelo, el álbum parece preguntarse qué ocurre con las voces, los recuerdos y las conexiones cuando quienes las originaron ya no están. Un mosaico global En términos musicales, “The Mountain” continúa una de las tradiciones más reconocibles de Gorillaz: la construcción de paisajes sonoros a partir de colaboraciones improbables. Desde sus inicios, Albarn ha entendido el proyecto como un punto de encuentro entre escenas, generaciones y geografías distintas, y el nuevo álbum reafirma esa lógica. La lista de invitados vuelve a ser extensa y deliberadamente heterogénea: desde el rap afilado de Black Thought, pasando por el pop sofisticado de Sparks, la guitarra característica de Johnny Marr, la presencia de Yasiin Bey, la intensidad electrónica de Omar Souleyman y la participación del argentino Trueno, entre otros. En lugar de funcionar como simples apariciones estelares, estas colaboraciones se integran al tejido del disco, ampliando su alcance estilístico sin romper su unidad conceptual. Sin embargo, uno de los elementos que define con mayor claridad la identidad sonora del álbum es la presencia de músicos vinculados a la tradición clásica de la India. El disco incorpora instrumentos como sitar, bansuri, sarod y tabla, interpretados por figuras como Anoushka Shankar, que dialogan con la electrónica, las texturas psicodélicas y el pop característico de Albarn. Lo interesante es que estos sonidos no aparecen como un gesto superficial de exotismo, algo que en el pasado ha sido una tentación frecuente en proyectos occidentales que se acercan a otras tradiciones musicales. En “The Mountain”, en cambio, los arreglos sugieren una conversación más orgánica: los instrumentos indios no decoran las canciones, sino que participan activamente en su arquitectura sonora. Una banda que nunca dejó de mirar el mundo Aunque Gorillaz suele asociarse principalmente a la experimentación estética y al juego entre lo visual y lo musical, la dimensión política del proyecto siempre ha estado presente en su trasfondo. Desde “Demon Days”, un disco atravesado por la ansiedad global posterior a los atentados a las Torres Gemelas y por una mirada crítica al clima político de comienzos del siglo XXI, hasta las reflexiones sobre el populismo, la manipulación mediática y la saturación informativa que aparecen en trabajos posteriores, Damon Albarn ha utilizado el proyecto como una plataforma para comentar el mundo contemporáneo. A veces de manera explícita y otras más simbólica, Gorillaz ha funcionado como un espacio donde el pop puede dialogar con las tensiones políticas y culturales de su tiempo. En los últimos años, esa mirada también se ha manifestado en posturas públicas más directas. Albarn y distintos colaboradores del proyecto han expresado apoyo a causas humanitarias vinculadas a Palestina y han participado en iniciativas culturales destinadas a visibilizar el conflicto y sus consecuencias. Más que un gesto aislado, esta posición se inscribe dentro de una trayectoria artística donde Albarn ha defendido reiteradamente la idea de que la música, y el arte en general, no debe mantenerse al margen de las discusiones políticas y sociales. En ese contexto, la dimensión política de Gorillaz refuerza una de las ideas centrales que atraviesan toda su discografía: que el pop, incluso cuando se presenta bajo la forma de una banda animada y aparentemente lúdica, puede funcionar también como una forma de observación crítica del presente. Detrás de sus personajes virtuales y de su constante mutación sonora, el proyecto sigue siendo, en esencia, una manera de mirar el mundo. El regreso a Chile El lanzamiento de "The Mountain" coincide con una nueva etapa en vivo para la banda. Este año, Gorillaz regresará a Chile con un concierto en el Estadio Bicentenario de La Florida, reactivando la relación del proyecto con un público que ha acompañado su evolución desde hace más de una década. No es sorpresa mencionar que los shows de Gorillaz siempre han sido una experiencia híbrida entre concierto y espectáculo audiovisual. La interacción entre la banda real y los personajes animados proyectados en pantalla se ha convertido en una de las marcas registradas del proyecto, una puesta en escena que difumina los límites entre lo virtual y lo físico. Y en el contexto del nuevo disco, ese formato adquiere otra dimensión: la de una obra que mezcla narrativa visual, viaje espiritual y música global. No es sorpresa para nadie que a lo largo de su carrera, Damon Albarn ha demostrado una capacidad casi inagotable para reinventarse. Gorillaz ha sido, quizás, el espacio donde esa inquietud creativa encuentra su forma más libre. Y es que "The Mountain" no es necesariamente el disco más inmediato del proyecto, pero sí uno de los más íntimos. En lugar de perseguir el próximo himno global, Albarn y Hewlett parecen haber estado interesados en algo más complejo: entender qué significa seguir creando después de la pérdida. Es en esa búsqueda donde Gorillaz vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: convertir la incertidumbre en música. Y, en el proceso, recordar que incluso las bandas más improbables, incluidas las que sólo existen en la animación, pueden hablar con sorprendente honestidad sobre la vida, la muerte y todo lo que ocurre entre medio. Tags #Gorillaz #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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