Nicolás Postiglione: ''Mi próximo paso es asustar'' Conversamos con el director de la película ''Todos los Males'' Lunes, 06 de Abril de 2026 En un sur lluvioso, denso y cargado de silencios, "Todos los Males" se instala como una de las apuestas más inquietantes del cine chileno reciente. La segunda película de Nicolás Postiglione no solo confirma su interés por las atmósferas tensas y lo sensorial, sino que además profundiza en territorios más oscuros, donde la familia, la culpa y la fe se entrelazan en un relato incómodo y perturbador. Tras su paso por festivales como Fantastic Fest y Sitges, el film llega a salas con una propuesta que desafía al espectador desde lo emocional más que desde lo evidente. En esta conversación, el director reflexiona sobre el proceso creativo, las decisiones que dieron forma a la historia y el desafío de construir un cine que no busca respuestas fáciles, sino dejar una sensación que permanece. - Esta es tu segunda película, pero se siente como un salto bien grande en tono y en ambición. ¿Cómo estás viviendo este momento previo al estreno de "Todos los Males"? - Me tiene un poco nervioso ver qué va a sentir la gente. Me pasó también con "Inmersión": uno pierde la brújula porque está demasiado metido en el proyecto, en cada fase, y se queda sin distancia ni perspectiva. Cuando alguien externo la ve con ojos frescos y no sabe nada de la historia, y le gusta, eso te devuelve cierta seguridad. Hoy estoy expectante, con nervios por cómo será recibida en Chile. - Bueno, obviamente después de "Inmersión", ¿qué sentías que querías profundizar o arriesgarte más como director? Ya que es una constante evolución este trabajo. - Siempre hay limitaciones, sobre todo por presupuesto y tiempo de rodaje. Aun así, quise explorar más en lo visual, en el vestuario y en el uso de cámara. Donde siento que avancé es en lo sensorial, especialmente en lo musical. Hay una parte de la película con cerca de 22 minutos de música, lo que ya es una decisión más autoral. No es solo acompañar escenas, sino construirlas desde lo sonoro sin miedo. Cada proyecto abre un espacio para explorar ideas nuevas. - Hay algo interesante en tu cine, situaciones contenidas pero con una tensión muy latente, ¿te interesa incomodar al espectador o es más bien una consecuencia natural de las historias que te atraen? - Es una consecuencia de las herramientas que me interesan. Suelo pensar primero en lo sensorial, incluso antes que en la historia. Construyo una escena y de inmediato empiezo a trabajar el sonido o el color para explorar sus posibilidades. Esa búsqueda termina generando incomodidad de forma natural. No es que quiera incomodar, pero al explorar esas sensaciones, el resultado tiende a ser inquietante. - Bueno, esta no es solo una historia oscura, además es muy incómoda. ¿En qué momento tú dijiste, "OK, voy a ir hasta el fondo con esto y no voy a suavizar nada"? - Siento que incluso hay cosas que están suavizadas. Me habría gustado ir más lejos. Creo que hoy es interesante trabajar con elementos más cercanos al terror, algo que el público está valorando. La película logra incomodar, pero mi siguiente paso es ir más allá y provocar miedo directo. Es una evolución natural: "Inmersión" generaba tensión, esta trabaja la inquietud desde otro ritmo, y lo que viene debería avanzar hacia algo más intenso. - ¿Hubo alguna decisión narrativa o escena que dudaste incluir, pero que sentías que era necesaria sí o sí? - En lo personal, nunca tuve dudas. Sí creo que hay escenas que podrían haberse resuelto mejor, y ese es parte del aprendizaje como director. Las dudas venían más desde el equipo, sobre la necesidad de ciertas escenas. Pero siempre sentí que las decisiones tenían sentido y que la película necesitaba ese peso narrativo para no ser fácil de olvidar. - Bueno, ahora, la historia de esta lista es de Daniel, un niño que llega a un entorno completamente hostil. ¿Por qué te interesaba contar todo esto desde la mirada de un menor? - Un niño no tiene las herramientas para defenderse como un adulto. En un contexto amenazante no puede escapar con facilidad ni enfrentarlo desde lo verbal. Eso lo deja en una especie de encierro muy particular. Esa fragilidad permite que la película genere incomodidad y emociones más intensas. Si fuera un adulto, tendría más opciones para reaccionar frente a lo que lo rodea. En cambio, el niño queda atrapado en una situación donde incluso lo que parece cuidado también es una forma de control. - ¿Cómo fue trabajar con Teodoro Augusto para construir este personaje tan vulnerable pero también observador? - Lo elegimos primero por su presencia, tenía una cara muy cinematográfica que generaba muchas sensaciones. No tenía experiencia actoral, así que el proceso fue exigente. Tuvimos poco tiempo de preparación, solo algunas semanas de ensayos, y al inicio había que guiarlo mucho, indicarle cada acción. Pero con el paso de las semanas se fue soltando. Hacia el final ya llegaba con ideas, entendía el personaje y podía repetir escenas con precisión. Fue un proceso muy interesante de crecimiento durante el rodaje. - Una de las cosas más complicadas también que tiene el mundo del cine es poder traspasar realmente las situaciones, las atmósferas, que en este caso es muy opresiva, casi asfixiante. ¿Cómo fue trabajar todo esto con el director de fotografía, Benjamín Echazarreta? - El trabajo de Benjamín fue muy sólido. El rodaje fue exigente: estábamos en una casa oscura, con lluvia constante, en un ambiente que terminó influyendo en todos. Eso generó un clima muy particular que se trasladó a la película. Tuvimos discusiones creativas porque no nos conocíamos tanto, era nuestra primera colaboración, pero al ver el resultado en edición todo estaba muy bien logrado. La imagen tiene un equilibrio y una construcción visual muy cuidada, con sombras y contrastes que aportan mucho a la atmósfera. Fue un trabajo muy bien ejecutado. - Otra de las cosas que me llamó mucho la atención durante la película es que el uso del silencio es clave. ¿Te interesa más lo que no se dice que lo explícito? - Es algo que fue apareciendo con el tiempo. No lo busqué de forma consciente. Después, cuando la gente empezó a verla, comenzaron a describirla como una película muy silenciosa. Creo que tiene que ver con la construcción visual: hay una intención fuerte en la composición de los planos, y eso muchas veces requiere que los personajes estén en pausa o en silencio. Entonces el silencio se fue integrando de manera natural dentro de esa búsqueda. - La película pasó por el Fantastic Fest y el Festival de Sitges. ¿Cómo fue enfrentarte a públicos internacionales con una historia tan local pero universal a la vez? - Fue una experiencia ambigua. En Estados Unidos, en Fantastic Fest, la película fue muy bien recibida. Hubo mucho interés, comentarios positivos e incluso propuestas de trabajo. En cambio, en Sitges la recepción fue más fría, probablemente porque el público esperaba algo más cercano al terror. La película tiene elementos inquietantes, pero en el fondo es un drama con tintes de thriller. Ahí sentí que quedé un poco al debe con ese tipo de expectativas. Fue interesante ver cómo distintos públicos reaccionan de maneras tan diferentes. - ¿Te sorprendió alguna interpretación del público sobre la película? - La película tiene ciertas preguntas que no están completamente cerradas, hay un componente más bien de puzzle narrativo que el espectador tiene que ir armando. En ese sentido, algunas personas interpretaron cosas de una forma y otras de otra, y eso me parece interesante. Es parte de ver cómo las herramientas narrativas llegan a distintos lugares. En Fantastic Fest, por ejemplo, llamó mucho la atención el trabajo de los niños. Hubo muy buena recepción en ese sentido, lo que me tenía un poco nervioso antes de mostrarla. También surgieron preguntas sobre el recorrido de la película, incluso sobre si podría llegar a representar a Chile en instancias como los premios internacionales. Fue interesante ver ese nivel de conexión. - ¿Crees que el espectador chileno la va a leer distinto considerando el contexto histórico y cultural? - Creo que el espectador chileno tiene una relación particular con el cine nacional. Hay ciertos prejuicios y una historia marcada por películas más políticas. Hoy el público consume distintos tipos de cine, y no siempre es fácil anticipar cómo va a reaccionar. En este caso, la película tiene elementos de thriller y de inquietud que el público actual podría valorar. Pero también hay un componente de incertidumbre, porque el resultado siempre depende de muchos factores, incluido el contexto cultural. Las películas están expuestas a eso, y es difícil prever qué va a pasar. - Para ir finalizando, si tuvieras que definir "Todos los Males" en una sensación más que en una historia, ¿cuál sería? - Creo que la película es húmeda y musgosa, tanto en lo narrativo como en lo sonoro y visual. Es como estar en un pantano e intentar salir sin ensuciarse. Da la sensación de algo pegajoso, denso, donde todo está impregnado de ese ambiente. Matias Arteaga S. Tags #Todos los Males #Nicolás Postiglione Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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