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Víctor Jara no calla

Vctor Jara no calla

La fotografía de las manos gruesas y entierradas de un vendedor de papas –que hace alusión a la idea original de las manos de un obrero pampino– realizada por Mario Guillard, es la antesala perfecta para un disco en donde Víctor Jara, como compositor, no le quita la vista a los problemas sociales del Chile de fines de los 60. Medio siglo después, tristemente las letras de "Pongo en tus manos abiertas..." no han perdido vigencia en el país de los falsos tiempos mejores.

Un cantautor grandioso sabe retratar su presente de forma vívida y con agudeza, hasta el punto de volver coyuntural su obra, pero al mismo tiempo lo que firma es perenne, sin fecha de vencimiento. Puede que su estilo musical pierda fuerza en las siempre cambiantes preferencias populares o que las condiciones de vida que describe no sean exactamente las mismas transcurrido cierto tiempo, sin embargo, pase lo que pase, la vigencia de su mensaje nunca se debilita. Al contrario, gana fuerza con el avance de los años hasta volverse indestructible. Es lo que sucede con Víctor Jara, epítome nacional del canto libre que nunca muere por mucho que desde arriba intenten borrarlo de la historia, como lo hicieron los militares a las órdenes del tirano Pinochet al asesinarlo el 16 de septiembre de 1973, o los gobiernos de los años noventa que, bajo el lema del progreso, poco y nada hicieron desde la vereda cultural para que el pueblo recobrara la memoria y abrazara sus raíces musicales.

Aun así, Víctor Jara no calla. A estas alturas, resulta imposible silenciar su eco, todavía molesto para los que ostentan el poder. Nuevas generaciones se han sumado al culto: hoy son los músicos de corte urbano, desde los clásicos Movimiento Original hasta el prometedor Pablo Chill-E pasando por diversos freestyleros los que usan su nombre como sinónimo de libre expresión y compromiso social. Ninguno de ellos suena igual a Víctor, pero todos le rinden tributo de una u otra forma, ya sea cubriendo su música o citándolo entre sus inspiraciones. Ese prestigio se sustenta en una leyenda apoyada, a su vez, en una discografía luminosa que entre sus trabajos fundamentales cuenta con “Pongo en tus manos abiertas…”, editado hace medio siglo bajo etiqueta Jota Jota, conocida luego como Discoteca del Cantar Popular (Dicap).

Víctor Jara no calla

El cuarto disco de Víctor, un hermoso despliegue instrumental que cuenta con nada más y nada menos que Quilapayún como acompañantes, fue lanzado en países como Alemania e Italia con el título de una de sus canciones emblemáticas, ‘Te recuerdo Amanda’, doloroso relato sobre el desamparo del proletariado chileno escrito desde el punto de vista humano, con el tacto que solamente un hijo sensible del bajo pueblo podría tener, pero ciertamente crítico del sistema. El amargor colectivo del que habla Víctor es el mismo que todavía se ve en las marchas de los profesores y en los reclamos sobre el Compin: se trata de la molestia de saber que formamos parte del engranaje de un modelo tóxico, que somos tuercas de una máquina que no hace más que aplastarnos de todas las formas posibles, desde lo simbólico hasta lo práctico. “El joven secundario / y el universitario / con el joven proletario / quieren revolución”, dice en ‘Movil oil special’, de entristecedora vigencia.

“Pongo en tus manos abiertas…” contiene fragmentos de nuestro pasado, rodajas de nuestra historia más incómoda. Es contrainformación hecha música, expuesta con simpleza y fluidez en la forma de canciones como ‘Preguntas por Puerto Montt’, acerca de la masacre sureña que dejó 11 muertos y 56 heridos a manos de carabineros a comienzos de 1969, pocos meses antes de la salida del disco. “Usted debe responder / señor Pérez Zujovic / por qué al pueblo indefenso / contestaron con fusil”, canta un indignado Jara, interpelando al Ministro del Interior de Eduardo Frei Montalva, responsable de la matanza, cuyas víctimas eran pobladores exigiendo su legítimo derecho a una vivienda tras años de ser ignorados por autoridades indiferentes a la precariedad habitacional de Puerto Montt tras el terremoto del 60. Las notas del vinilo de este larga duración explican por qué en la voz de Víctor Jara estos reclamos son tan poderosos: «lo que sentía no era un compromiso con la gente menos favorecida, como el que puede sentir un buen activista, sino una total y completa identificación con el pueblo. Cuando cantaba, por su garganta pasaban los gritos de millones de personas con ganas de ser escuchadas».

Andrés Panes

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