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Weezer: Beach Boyz

Con la mirada puesta en su amada California

 Weezer: Beach Boyz

(Entrevista publicada originalmente en el 2016)

Ha pasado apenas un año y medio desde que la banda afincada a Los Ángeles concretara su última resurrección con “Everything Will Be Alright in the End”. Después de recuperar buena parte del crédito perdido entre críticos y fans, Rivers Cuomo y los suyos se enfrentan ahora al reto de confirmar su retorno a las alturas lanzando un disco melancólico, luminoso y veraniego dedicado a los Beach Boys y las playas de California. Bienvenidos al disco blanco de Weezer.

Ser fan de Weezer consiste, entre otras muchas incoherencias, en intentar que cualquier persona que se cruce en tu camino acabe abrazando la fe y convirtiéndose en un nuevo apóstol de la banda. Con el tiempo, la evangelización se ha vuelto menos compleja, basta con abrir YouTube o Spotify en el smartphone del candidato y obligarle a escuchar alguna de las inconfundibles melodías perpetradas por Rivers Cuomo y compañía (particularmente efectiva resulta ‘Susanne’) para hacerle ver la luz. Pero antes, en los tiempos remotos, casi prehistóricos, en los que algunos empezamos a escuchar y proclamar las bondades de su primer disco (“Weezer”, 1994), faltaban las palabras para explicar en qué consistía ese fenómeno que nos había vuelto locos. Había muchas maneras de contarlo, las melodías infecciosas, la distorsión de las guitarras, las referencias a los cómics y los ídolos del rock en sus letras... O su sonido, ese sonido único, reconocible y tan propio de los noventa. Ese sonido que te hacía pensar en Nirvana tocando versiones de los Beach Boys o en los Beach Boys tocando versiones de Nirvana (mi analogía doble favorita). Aquellos eran y son dos de los referentes más importantes para Rivers y, esta misma semana, él mismo descolgaba el teléfono desde su casa en Los Ángeles y aclarar, entre otras muchas cosas, de dónde viene ese sonido que ha acabado convertido en seña de identidad del grupo. “No creo que merezcamos mucho crédito por ese sonido Weezer. Todo lo que hacemos viene de alguien que ya lo había hecho antes… En realidad estamos muy influenciados por los Beach Boys, los Beatles y muchos otros grandes artistas. Nosotros nos hemos limitado a combinar sus ideas de distintas maneras en nuestras canciones. Entiendo que para la gente joven que no está tan familiarizada con esos clásicos pueda parecer que nosotros hemos inventado este sonido, este estilo… Pero nosotros no nos sentimos así”, confiesa con cierta timidez.

Peleados con el éxito...

La humildad con la que responde Cuomo no es una pose, es acuse de recibo. Para él fue particularmente desconcertante y doloroso comprobar cómo “Everything Will Be Alright in the End” (2014), su anterior trabajo y el disco de Weezer que mejores críticas ha obtenido en más de una década, se tenía que conformar con unas cifras de ventas entre regulares y bajas (sólo 100.000 ejemplares). Ahora mismo, Rivers parece un poco harto de buscar fórmulas para recuperar el éxito de otros tiempos: “Antes de lanzar un disco siempre me siento muy positivo y optimista, siento que es lo mejor del mundo… Y entonces sacamos el disco y empiezan las críticas, y me siento dolido y triste, y me olvido del disco y empiezo a pensar inmediatamente en el próximo disco”. Desde luego, el tipo serio y algo cínico que encontramos al otro lado de la línea tiene poco que ver con el Rivers de hace año y medio. Hay cierta ilusión en sus palabras, sí, pero vuelve a proyectar aquella incómoda inseguridad que le acompañaba en las épocas más oscuras del grupo. Ni siquiera después del entusiasmo con el que los fans han recibido las nuevas canciones parece dispuesto a dejarse llevar por el optimismo. “Es verdad que los fans están contentos. Además hemos dejado escuchar el disco entero a algunos de nuestros seguidores más exigentes y a ellos les encanta. Así que tengo los dedos cruzados, espero que funcione… Pero también queremos llegar a nuevos fans y eso es igual de difícil, y un objetivo completamente diferente. Espero que esta vez podamos cumplir con todo lo que nos hemos propuesto”. La manera en que enfatiza el “esta vez” no es accidental. Este nuevo disco homónimo (el cuarto en su carrera) ha sido inmediatamente rebautizado con el color de la portada, The White Album, y como ya pasara con el azul, el verde y el rojo, la banda ha respetado la superstición de las diez canciones. Lo que sea necesario para volver a alcanzar el status que perdieron durante la última década.

Llegar a nuevos fans es una ambición que obsesiona a Rivers desde los tiempos del inclasificable “Raditude” (2009), un disco que en su afán por ser comercial y moderno acabó pareciendo una mala parodia del propio grupo. Afortunadamente, su otra gran ambición es contentar a aquellos que crecimos fascinados por sus dos primeros discos y en The White Album esa idea ha tenido un peso específico gracias al trabajo del joven productor, Jake Sinclair. Más allá de sus créditos como ingeniero y productor en discos de artistas que sí son abrazados por un público más joven y masivo como Fall Out Boy, Panic! At the Disco, 5 Seconds of Summer o SIA, la elección de Sinclair llama la atención por su propio pasado con la banda. En primer lugar, Jake trabajó como ingeniero en un tema del mencionado “Raditude”; una razón para sospechar lo peor si no fuera porque, mientras Sinclair estaba en la universidad, él mismo capitaneó una banda tributo a Weezer llamada Wannabeeze. Es decir, Jake Sinclair es, además de productor, un fan absoluto de la banda. Conoce sus fortalezas y debilidades, sus aciertos y sus errores, y hace apenas un año vio como su mayor sueño (producir un disco de sus ídolos) acababa convirtiéndose también en su mayor reto profesional (mantener o superar el nivel que Weezer había demostrado en el estupendo “Everything Will Be Alright in the End”).

La revancha del novato

Rivers es bastante sincero al hablar de Sinclair, “éramos bastante escépticos al principio con Jake porque, bueno, en primer lugar, él fue ingeniero de nuestro disco de 2009, ‘Raditude’. Por aquel entonces tenía unos 22 años, y era bastante callado y no parecía tener demasiada personalidad. Así que cuando empezamos a buscar productor para este nuevo disco y nuestro manager nos lo sugirió, porque él también le llevaba la carrera a Jake, pues claro, lo veíamos con bastante escepticismo. Primero porque nos acordábamos de aquel chico tan tímido y segundo porque compartíamos manager, no parecía algo casual, no parecía nuestra mejor opción… Pero decidí darle una oportunidad y hacerle una prueba volviendo a grabar la demo que acabaría convirtiéndose en ‘California Kids’. Y aquello sonaba tan bien… En serio, era sólo mi voz y mi guitarra, pero sonaba genial, era emocionante. Así que decidimos apostar por él y dejarle producir el álbum. Resulta que es un productor fantástico, ha crecido muchísimo desde que trabajamos juntos por primera vez, y tiene mucha confianza en sí mismo y en su propio criterio. Además, sabe perfectamente qué es lo que hace que Weezer sea una gran banda, y al mismo tiempo sabe hacer un disco en el que tengamos un sonido moderno”. La ‘California Kids’ de la que habla Rivers es la canción que abre el disco, y a los fans más acérrimos de Cuomo les resultará muy familiar porque es una nueva versión de ‘California’, el tema que él mismo publicó en el último disco del proyecto paralelo en japonés que tiene junto a Scott Murphy (Allister). Al parecer, Sinclair trabajó con Rivers para darle un toque más melódico y melancólico a las estrofas y convertir ‘California Kids’ en un primer tema potente que marcase el tono del resto del disco.

La primera versión de esa canción figuraba junto a otras 234 “demos” que Rivers ha ido acumulando desde el año 2000 en un disco duro que Jake y él revisaron antes de empezar a componer para el nuevo disco. Según asegura el propio Cuomo, Sinclair no se dejó llevar por su condición de fan y se mostró particularmente exigente, tanto que de esas 235 demos decidió salvar sólo una. “Ha sido algo muy diferente a cualquier cosa que hayamos experimentado antes. Estamos acostumbrados a trabajar con gente como Ric Ocasek o Rick Rubin… Productores veteranos con mucha más experiencia y éxito que nosotros. Y ellos son, de alguna, manera un referente para nosotros a nivel profesional. Esta vez, con Jake, se han girado las tornas. Él es obviamente más joven que nosotros, más emocional, no tiene la diplomacia de los productores veteranos y además tiene opiniones muy firmes. En realidad le dimos bastante autoridad en esta situación. Le dimos la oportunidad de trabajar con cada uno de nosotros por separado, individualmente. Por ejemplo, podía pasar un par de días trabajando a solas con Brian, mano a mano, depurando y dando forma a sus partes de guitarra en las canciones. Y luego venían y me enseñaban en lo que habían estado trabajando, y en ese momento yo ya no tenía demasiado poder de decisión. Podía dar un par de ideas aquí o allá, pero esa parte de la canción ya estaba muy definida y trabajada. Me ha gustado mucho trabajar así, porque tengo la sensación de que de esta manera cada tema tiene muchas capas y cada uno ha podido incorporar a la canción su propia capa de personalidad, no está todo dirigido y orquestado por mí”. Ese aperturismo de Rivers con el resto de la banda es una de las mejores noticias del disco. En The White Album hay dos temas coescritos entre Cuomo y el guitarrista Brian Bell, ‘LA Girlz’ y ‘Endless Bummer’, que seguramente pasen a figurar entre lo mejor que haya publicado nunca el grupo. “Brian empezó a mandarme ideas para canciones y yo trabajaba en sus ideas e intentaba convertirlas en canciones completas… Al final del proceso de escritura, volvimos a escuchar todas las canciones para elegir las diez mejores, independientemente de quién las hubiera escrito. Así que dos de sus canciones ganaron. No es porque yo quisiera que él estuviese en el disco como compositor específicamente, es sólo que eran dos de las mejores canciones. Y me siento muy orgulloso de él por eso, porque había muy buenas canciones para elegir y él logró colocar dos de las suyas ahí arriba”. Sea como fuera el proceso, damos una calurosa bienvenida a la versión más democrática de Rivers.

Los chicos de la playa

Aunque Weezer ya había coqueteado con la idea de hacer un disco temático, recordemos la narrativa en bloques de “Everything Will Be Alright in the End” o los orígenes de “Pinkerton”, en principio una ópera rock de ciencia ficción llamada “Songs From the Black Hole”, aquí nos encontramos como el primer álbum deliberadamente conceptual de la banda: “Ése fue el primer paso que tomamos. Esta vez empezamos con el ‘tema’... Queríamos hacer nuestro propio álbum veraniego. Y fue muy útil tenerlo en mente mientras lo estábamos escribiendo, nos ayudó a encontrar inspiración para nuevas ideas y también nos ayudó a decidir cuáles de nuestras viejas ideas podíamos utilizar. Nos enfrentamos a montañas de viejas demos… Y la idea de todo esto fue de nuestro nuevo manager. Lo primero que nos dijo fue ‘muchachos, tienen que hacer un álbum playero’. Inmediatamente pensamos que era una gran idea, que era una de esas cosas que, de algún modo, son tan obvias que la habíamos pasado por alto. Tal vez porque estamos demasiado pegados a nosotros mismos como para darnos cuenta”. Animado por el joven productor del disco, Rivers se dejó la misma barba que llevaba en tiempos del “Pinkerton”, empezó a pasear por Venice Beach y Santa Mónica buscando inspiración y se dio de alta en Tinder de forma platónica (con la autorización expresa de su comprensiva mujer Kyoko) para rememorar la frustración y el rechazo de su adolescencia. “Sigo pensando que el dolor es un poco más inspirador para mí y creo que, a pesar de todo el tema veraniego, hay dolor en este disco. Por ejemplo, aunque estoy en Tinder, que se supone que es divertido, para mí ha habido momentos en los que ha sido doloroso… Y me resulta siempre fácil escribir canciones sobre esas cosas”. En su cuenta, Rivers dejaba claro que no quería nada más que amistad y en las fotos aparecía sin sus icónicas gafas, de forma que tuvo que enfrentarse al exigente escrutinio de esa red social de citas casi desde el anonimato. Y como personaje anónimo, sin escudarse en su condición de estrella del rock, Cuomo experimentó un fracaso y una soledad absolutamente terrenales que quedarían plasmados en la letra del primer single del disco, la extraña ‘Thank God for Girls’.

Experimentos sociológicos aparte, Rivers preparó el disco recurriendo a una de sus bandas de referencia desde que dejó el heavy a principios de los noventa para enamorarse perdida e irremediablemente de las melodías: “Escucho muchísimo las radios de Spotify. Hice una emisora incluyendo la parte más psicodélica de la discografía de los Beach Boys, yo añadí ‘Smile’ y ‘Pet Sounds’… Y entonces Spotify empezó a añadir otros artistas de esa época con un sonido parecido, igual de raros y creativos”. Una influencia que se deja notar en muchos momentos de este White Album, sobre todo en la muy melancólica ‘(Girl We Got) A Good Thing’ y en la favorita de Rivers en el nuevo disco: “Creo que mi momento favorito es ‘Summer Elaine’ y ‘Drunken Dori’. Es genial que haya un cambio de tono en el estribillo y otro en las estrofas, y que haya tantos cambios es algo que se supone que no debes hacer en una canción pop rock, especialmente en el siglo XXI. Pero lo hicimos y funcionó, y es muy sofisticada, y musical y a la vez fácil de digerir”. ¿Y quiénes son estas dos chicas, Elaine y Dori, que a partir de ahora pasarán engrosar la lista de honor de las chicas Weezer junto a Susanne, Miss Sweeney, Jamie y Lisa? “Elaine es la profesora del colegio de mi hija. En el último día de curso había una fiesta y ella estaba bebiendo vino blanco con la madre de otra niña, Dori. Elaine llevaba un par de copas y le estaba contando a Dori que su marido tiene dos nombres para ella: ‘Schoolyear Elaine (Elaine durante el año escolar)’, que está ansiosa y estresada y ‘Summer Elaine (Elaine veraniega)’ que es la versión divertida y relajada. Y Dori contestaba divertida que a ella le ocurría lo mismo, que su marido tiene dos nombres para ella: ‘Stressed Out Dori (Dori la estresada)’ y ‘Drunken Dor (Dori la borracha)’, que es mucho más divertida. Así que me apunté esa historia como título para una canción”. Ellas estarán encantadas con el homenaje, pero no son las únicas con dedicatoria en el disco. En la que seguramente sea una de las dos o tres mejores canciones de Weezer desde mediados de los noventa, ‘Do You Wanna Get High’, Cuomo rememora sus tiempos de adicción a las pastillas, desencuentros amorosos con la misma novia que inspiró ‘Oh, Girlfriend’ (del Green Album, 2001) y juergas nocturnas con Fred Durst de Limp Bizkit (como el propio Cuomo confiesa en las anotaciones a la canción que publicó recientemente en Genius.com).

Un futuro en blanco

Lo que queda claro al escuchar The White Album es que Rivers, además de rendir tributo a su querida California, “para mí simboliza ese lugar donde está la auténtica oportunidad de conseguir triunfar como músico”, ha intentado plasmar esas dos ambiciones de las que hablábamos al principio: llegar a un nuevo público sin olvidar a los fans de la vieja escuela. “Hay dos polos en Weezer, uno es el deseo de tener ese sonido de rock alternativo del Weezer de los noventa y luego está el otro polo, el que dice que dejemos atrás ese sonido y crezcamos y probemos cosas nuevas. Creo que es importante que ambos polos estén representados en el disco, y que ambos sonidos se estén impregnando mutuamente. Así es como se nos ocurrió grabar el White Album”. Un disco sólido, brillante y extraño que la banda defenderá en directo con su primera gran gira en años: “Vamos a llevar una producción mucho más grande esta vez. Normalmente giramos apenas sin producción, pero esta vez creo que habrá mucha iluminación, explosiones y efectos especiales… Y creo que ha llegado el momento de cambiar algunas de las canciones clásicas, y puede que hagamos alguna en piano o en acústico, ese tipo de cosas. También creo que estaría genial hacer una canción con Panic! At The Disco”. El grupo de Brendon Urie acompañará a Weezer en EE.UU. en una gira que por el momento solo contempla tres fechas en Europa.

Después de presentar este nuevo trabajo en directo, Rivers promete ponerse a componer inmediatamente para su próximo disco (recientemente bromeó en el programa de Zane Lowe anunciando el reverso tenebroso del blanco, The Black Album) que, por supuesto y como es tradición en él, será una reacción a lo que suceda con éste. “Me gustaría escribir una canción con SIA... Y siempre he querido trabajar con Billy Joel”, afirma algo disperso un Rivers Cuomo que, por mucho que a algunos de pese, no tiene pensado volver a escribir un álbum sin recurrir a colaboraciones. Y, bueno, en realidad llegados a este punto de su carrera y teniendo en cuenta las cúspides de brillantez que Weezer han vuelto a alcanzar en sus dos últimos trabajos, nadie debería discutirle(s) que siga(n) haciendo lo que le(s) dé la gana. Lo único que les pido ahora y les seguiré pidiendo hasta que se retiren es que sean Weezer, que suenen a Weezer... Ya saben, Nirvana haciendo versiones de los Beach Boys o los Beach Boys haciendo versiones de Nirvana.

José Rueda





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