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Myrath

Shehili

Myrath

2019. Ear Music

Los Príncipes de Persia están de regreso con su esperado y anhelado quinto álbum de su único y distintivo metal progresivo tunecino, luego de su consagración internacional con el inmenso y aclamado “Legacy” (2016). Si su placa anterior era toda alba, llena de luz y ensoñación, en esta oportunidad se van al polo opuesto, una bella carátula nocturna, oscura y más siniestra, lo que se refleja también en el sonido del disco, más grave, denso y espeso con las guitarras de siete cuerdas del líder Malek Ben Arbia afinadas en Re y un profeso uso de las percusiones étnicas arábicas, factor que el grupo ha trasladado a sus presentaciones en vivo llevando percusionistas junto con sus bailarinas de la danza del vientre, otro ‘trademark’ de la banda.

Los cálidos vientos del desierto de Túnez (“Shehili” significa literalmente “viento caliente”), nos introducen con una narración en lengua nativa a un sinnúmero de nuevas aventuras de alta factura como se reflejan en los elaborados videos de acción de la banda, que son verdadera películas tipo Bollywood, siempre con historias entrelazadas. Desde el arranque con la exótica y fascinante ‘Born To Survive’ los compañeros de Ben Arbia, el tremendo Zaher Zorgati en voces, Anis Jouini en bajo, Elyes Bouchoucha en teclados y el originalísimo y técnico Morgan Berthet en batería, salen con los dientes afilados para demostrar que Myrath se merece todo el éxito que actualmente están cosechando, y es que es una banda que ha sabido crear su propio estilo dentro de la vertiente progresiva del Oriental Metal y con un huracán como ‘You’ve Lost Yourself’ dueña de unas grandes orquestaciones reales, golpean la mesa con un disco que suena absolutamente refrescante, excitante, magnético, hipnótico y seductor.

‘Dance’ ya es un nuevo himno de la banda por derecho propio, canción que narra la historia de una bailarina nacida en Siria que fue amenazada por el grupo terrorista ISIS por dedicarse al arte. Pero lejos de amilanarse, ella se tatuó en el cuello la frase “baila o mure” y siguió haciendo lo que amaba. La canción atrapa de inmediato y el solo de guitarra que se marca Malek Ben Arbia debe estar entre los mejores de su carrera. Gancho y melodía en casi cuatro minutos de puro placer auditivo. ‘Wicked Dice’ sigue manteniendo el álbum en un alto nivel, descubriendo para quienes no lo conocen, el enorme baterista que es Morgan Berthet y reafirmando también la voz única y personal del pequeño pero inmensamente dúctil Zaher Zorgati. Producido magistralmente por el colaborador habitual de la banda Kevin Codfert y masterizado por el maestro sueco Jens Bogren, ‘Monster In My Closet’ suena estratosférica con unas orquestaciones y percusión tribal de sumo buen gusto que engrandecen aún más las ya de por si las notables canciones, cuyas letras fueron trabajadas junto a Perrine Pérez Fuentes y Aymen Jaouady, equipo creativo que ha estado desde los inicios junto al grupo. Desde su mismo arranque ‘No Holding Back’ suena como un himno por eso fue elegido también como single y video y es que su musicalización tiene tanta riqueza cultural que suena como un himno de Túnez ideal para una película, poque la música de Myrath conlleva un componente cinematográfico milimétricamente ensamblado con la música; uno puede imaginar y crear sus propias películas mentalmente escuchando una canción tan seductora y mágica como ‘Stardust’ o dejándose llevar por el gran empuje emocional de ‘Mersal’ donde el vocalista Lotfi Bouchnax hace un gran dueto con Zorgathi en lengua nativa. El final se acerca y en ‘Darkness Arise’ Zaer evoca al mejor Russell Allen en una canción que tiene mucho de Symphony X, una de las influencias primigenias de Myrath. Y quizás la mejor canción sea el tema título que destella un ambiente enorme con sus orquestaciones sinuosas y su instrumentación autóctona, llevando la música de Túnez a todo el mundo a través de una banda de metal, siendo embajadores de una cultura milenaria.

Myrath lo hizo de nuevo entregando una placa que se cuela fácilmente en el Top 10 de lo mejor del año, y es que pocas bandas en el mundo suenan tan personales, únicas y fascinantes; por ello no dejen de escuchar este disco y mucho menos perderse la oportunidad de verlos en vivo, porque estar en un concierto de Myrath debe ser como ponerse el cinto espacio temporal de Mampato y viajar a una tierra llena de emocionantes aventuras. Desde este momento, y ojalá más temprano que tarde, invocamos a todos los dioses del metal para que esta banda llegue finalmente a Chile. Que nuestras oraciones sean escuchadas.

Cristián Pavez
 




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