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Heaven And Hell

Heaven And Hell

Heaven And Hell

Martes 05 Julio, 2011
1980. Warner

¿Cómo empezar a explicar la importancia de Black Sabbath en el desarrollo del metal? ¿Será necesario? No lo creo. No aquí al menos. Sí es válido destacar el rol que juega en la línea del tiempo de la música este álbum, “Heaven and Hell”, y quienes no se han familiarizado con esta producción, les recomiendo darle una pasada antes de seguir leyendo.

A la primera encarnación de Sabbath se le atribuye la invención del metal. Y a todo creador o innovador, se le cuelga esa chapa, e independientemente de los pasos que dé más adelante, su mérito siempre será el de haber dado el golpe inicial. ¿Es justo aquello? En algunos casos, claro que sí. Pero no con esta banda. No, porque ellos no sólo fueron los inventores de un estilo, sino que también participaron de su evolución, y, quizás como nunca nadie lo hizo, llegado el momento de “aprender de sus aprendices”, se pusieron al día, adoptaron algunos guiños que sonaban por otros lados, y siguieron enriqueciendo su propuesta. Ese último mérito es el que reluce en “Heaven and Hell”.

No pasemos por alto al nuevo héroe que nos entrega este LP: Ronnie James Dio. Ya había enseñado sus pergaminos para pelear entre los más grandes en Rainbow, pero que al momento de su desembarco en Black Sabbath, no era ni la mitad de la leyenda que es hoy. Su gran plus era la actividad por su propia parte, no necesariamente alineada a la escuela de Sabbath, sino mucho más en contacto con sus contemporáneos. Inevitablemente, entonces, los antiguos referentes del grupo tendrían que mejorar el aprendizaje de su macroentorno. Para aquellos que no sepan leer, no fue que Sabbath comenzara a imitar a otras bandas o seguir todo lo que Dio sugería, sino que hicieron el ejercicio que pocas veces se habían animado: oír qué uso le habían dado sus seguidores al nuevo mundo que habían pavimentado.

Aún siguiendo la carrera de Black Sabbath disco a disco, cuesta entender cómo fueron mejorando tanto. El salto de su debut discográfico a “Sabbath Blody Sabbath” fue monumental, y entremedio sólo transcurrieron cuatro años. Pero ahí se detuvo el mejoramiento. La era de Ozzy concluyó tristemente, con un disco paupérrimo, y necesitaban un nuevo giro. La necesidad tuvo cara de hereje, y en “Heaven and Hell” no sólo encontraremos los rasgos naturales del Sabbath más clásico, sino un reencanto al sonido más grueso, una batería que dejaba de buscar el rebote en el fondo del océano y se queda en la superficie, y la actualización de varias fórmulas que el cuarteto ya no estaba utilizando bien, las que más adelante detallaremos.

Canción por canción, tenemos una placa a la altura de los mayores clásicos de los años dorados de Sabbath. Con un comienzo muscular a cargo de ‘Neon Knights’, que lleva al conjunto de vuelta a los riffs monocromos (a diferencia de ‘Never Say Die’ o ‘Rock and Roll Doctor’), con Dio montado en este monstruo avasallador dibujado con los mágicos dedos de Geezer Butler, desafiando a quien se le atraviese. Su voz brilla, y un corte tan simple como ‘Neon Knights’ le deja todo el terreno disponible para que expanda sus dominios cuanto lo desee. Reyes y caballeros festejan este triunfo de entrada.

Tenemos también el formato de “canción perfecta” con ‘Children of the Sea’. Por años Sabbath buscó reconquistar este campo, pero no había dado en el punto. Una intro delicada, una creciente ola de potencia, y una llegada a un coro auténticamente heróico, lleno de convicción, pasando también por voces del turbulento mar profundo que en algún minuto amenazó con devastar el futuro de la banda. Esto no ha finalizado, señores. Maravilloso track, en que el grueso bajo y el alto vuelo de Iommi permiten incluso dejar pasar el excesivamente seco sonido de la batería de Ward.

Una canción auténticamente ganchera, o con pretensiones de contagiar más por el oído que por la sangre, es ‘Lady Evil’, con una entrada bien oreja, un riff poco pretencioso, y un desarrollo que se mueve por terrenos bien ‘lógicos’ en la dinámica tanto de Black Sabbath como en lo que le conoceríamos al querido Ronnie James por largos años.

‘Heaven and Hell’ no es solamente el tema que le da nombre al LP. Es, con todas sus letras, uno de los mejores temas épicos de la historia plagada de hitos de Sabbath. Ahí, con ‘Black Sabbath’, con ‘War Pigs’ y con ‘Sabbath Bloody Sabbath’. Hay muchos detalles que son alucinantes aquí. El primero es el riff. O su naturaleza. Nunca quedó del todo claro de quién nació, pues en los ensayos previos a la grabación, Geezer Butler no estaba presente, sino que se hizo cargo de su tarea quien luego terminaría aportando en teclados, Geoff Nichols. Sea cual sea el encargado de darle vida a este riff, no queda otra cosa que sacarse el sombrero.

El latido del bajo del modo en que lo hace en la entrada a las estrofas tiene el sello histórico del grupo. Que de ahí haya pasado a otras manos, y éstos lo hayan readaptado, es otro cuento. Desde Iron Maiden al mismísimo Dio en su banda post-Sabbath. Es una herramienta que la música de Black Sabbath les metió al cerebro a una generación entera de músicos, y aquí, por enésima vez, ratifican quienes son los maestros. No quiero quedarme sólo en eso, porque si ese recurso destaca, es también por el genial contraste que hace la guitarra de Tony, que por momentos es sólo una espectadora más del show, pero cuando tiene intervenir, te entra directo a la piel. En fin. Hay para bastante más con ‘Heaven and Hell’, pero sigamos adelante con el álbum.

Una canción que siempre me ha despertado la inquietud por hacer justicia y llenarla de condecoraciones es ‘Wishing Well’. Parece más simple de lo que realmente es. Ward se esmera en revitalizarla en cada verso, la melodía es exquisita, y el coro es sólo una prolongación de éste. No hemos mencionado hasta ahora que con la llegada de Dio, Butler aprovechó para ceder protagonismo lírico, y aquí tenemos versos como “time is a never ending journey, life is a never ending smile” que no se encontraban tan fácil en las composiciones pretéritas del conjunto. Son cuatro de los más perfectos minutos del disco.

Inolvidable también es ‘Die Young’, que es la más modernizada de todas (se aparece Michael Schenker por ahí). El solo de Tony de entrada ya es una novedad. Y si bien el fondo instrumental está a la altura de un clásico, el gran héroe aquí es Ronnie. Llena todos los espacios, conduce todos los cambios, engalana cada segundo, hasta llegar a un final en que repetidamente grita “die young, die young, die young!” como un veredicto del Olimpo. Brutal. Supernatural. Temazo.

‘Walk Away’ tiene quizás el riff más colorido, que durante los ochentas llenaría varios bolsillos, y marcando cierta diferencia con el Sabbath de los setentas. Y ‘Lonely is the Word’ se maquilla con una deliciosa guitarra de Iommi, bluseando desde el más gélido y solitario de los montes, con teclados que llueven oscuridad, y una línea de bajo simulando una marcha fúnebre. Tremendo cierre.

“Heaven and Hell” es brillante de comienzo a fin. Porque siento tan rejuvenecedor de las mejores fotos del pasado, sigue sonando a un álbum fechado en 1980, sin vicios, plagado de virtudes y reposicionando a Black Sabbath como una banda relevante en una nueva década. No solo inventores, sino que permanentes innovadores y catalizadores. Glorioso trabajo, imperecedero recuerdo. Eternamente Sabbath.

Juan Ignacio Cornejo K.

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