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Bad Company

Bad Company

Bad Company

Lunes 04 Julio, 2011
1974. Atlantic

Es raro escuchar a alguien decir “yo soy fanático de Bad Company”. De hecho, es muy probable que sólo una selecta minoría pueda recitar los nombres de los grandes éxitos de la carrera de esta “mala compañía” rockera. Es que el caso de esta auténtica súper-banda no es raro, sobre todo en países como Chile, tan lejos del primer mundo musical, en especial en la década de los setentas, en la cual el llamado “classic rock” se desarrolló y fortaleció en todo el orbe, pero que, hasta el día de hoy me atrevo a decir, no genera todo el ruido que debería. Quienes con los años se han dedicado a escarbar los archivos de los clásicos anglo se habrán topado en más de una ocasión con esa carátula negra, que dice “Bad Co.” y que poca información extra entrega. ¿Nunca les intrigó saber qué había ahí, en ese vinilo, caset o CD? Los que levanten la mano y digan “sí” ya saben cómo se viene la mano entonces.

Para los que no, hagamos una leve intro. Alrededor de 1972, 1973, por ahí, años claves en la masificación de los sonidos “clásicos”, dos ex miembros de Free (los mismos de ‘All Right Now’, ésa sí que la conocen todos) se unieron con un Mott the Hoople y un King Crimson: Paul Rodgers (el mismo que ahora canta con Queen) en voz, Simon Kirke en batería, Mick Ralphs en guitarra y Boz Burrell en bajo, respectivamente. ¿Qué es lo que los Bad Company hicieron? Tomaron el sonido y el estilo de las mega-bandas tipo Led Zeppelin, Deep Purple e incluso Pink Floyd era-Dark Side, y lo simplificaron. Por decirlo de alguna forma, lo “desconceptualizaron”, y lo llevaron al formato canción tradicional. Sin tanto virtuosismo, sólo grandes canciones. Y gracias a las experiencias musicales de sus miembros, lo hicieron de tal modo en que los temas no perdieran peso específico, que no pareciera algo simple ni ligero. La sombra blusera sigue muy presente, pero la grandilocuencia de las bandas líderes de la época la reemplazaron por toquecillos folk y glam, sin mencionar la personalidad propia que le supieron dar a cada una de sus composiciones. El hard rock de Bad Company fue algo más accesible, más al hueso, del mismo modo en que lo venía haciendo Grand Funk Railroad, y que también insinuaban con menos claridad Foghat, Mountain y muchos otros conjuntos post-Cream, claramente el gran espejo para esta generación. El gran rock volaba por aquella época de lado a lado, entre el 70 y el 73 se publicaron tal vez más discos definitivos que en ningún otro periodo post-sesentas, pero todavía había que llevar esta música al nivel de la tierra, bajarlo del Olimpo y ponerlo al alcance del resto de los humanos.

Los aires de grandeza del hard rock que poblaba el universo hasta 1974 no aparecen por ningún lado en ‘Can’t Get Enough’, el fenomenal track de apertura de “Bad Company”. Un riff alegre, con una melodía imposible de evadir, y una estructura demasiado simple para algunos, algo que no se veía desde los Beach Boys probablemente. El coro se repite en incontables ocasiones, el bajo machaca mucho menos de lo que podría esperarse, y los golpes de la batería no parecen dañar a nadie, pese a la energía con que son despachados. Y esa necesidad de amor tan americana, a pesar que los Bad Co. son británicos.

El sonido de ‘Rock Steady’ también es ganchero, livianito, pero atrevido. No olvidemos la gran voz de Rodgers, que acá se luce, pero la irreverencia y el relajo de Mike Ralphs en las seis cuerdas hace mucho por el sonido de Bad Company. Lo justo y necesario, nada que impresione ni desvíe la atención. Por eso no cuesta nada seguirles el ritmo y aprenderse el coro a la primera. ‘Rock Steady’ siendo uno de los putos altos de la carrera de Bad Co., en mi humilde opinión.

‘Ready for Love’ es de esas baladas bien sombría, bluseras, que es un tema de rock pero más lento, nada más que eso. No busquen sus encendedores, no son necesarios. Tampoco para ‘Don’t Let Me Down’, una gema bien arrastrada, llena de sentimiento, carente de cualquier efecto de post-producción (como casi todo el LP), con lo que gana en crudeza y efectividad.

Llegamos a la canción ‘Bad Company’, del disco “Bad Company” de la banda Bad Company. Miren ustedes… No se distraigan, porque ‘Bad Company’ es una obra de arte, acompañada perfectamente por un piano y una guitarra que respira desde el fondo de la habitación. Si bien el tema está inspirado en una película que habría también motivado el nombre del grupo, no necesitas saberlo, porque este track funciona por sí solo. No hay que saber más información, simplemente quedarse con lo que transmite el canto de Rodgers desde el abandono mismo por ser una “mala compañía” para la sociedad “till the day I die”. Los sollozos de Ralphs y el insoportable martillar de Kirke en la batería, como si fuera la conciencia del personaje en cuestión, te dejan helado, atrapado e involucrado con esta amarga historia, genialmente transformada en canción.

Los primeros sonidos de ‘The Way I Choose’ no calzan a primeras con lo que venía en el resto del disco, pero pronto se transforma en una balada más claptoniana y mantiene el alto estándar, con el gran acierto de doblar la voz de Paul para acentuar el impacto. ‘Movin’ On’ revive ese rocanrol simple pero vibrante que mencionamos en un inicio y que es el sello no solo de Bad co., sino de toda esta época. Buenos riffs que sostienen el tema pero no le quitan el protagonismo. De hecho, la guitarra de Ralphs pocas veces suena más fuerte o se toma el canal central en “Bad Company”. Eso ya dice bastante. Pero no suficiente, pues aún nos falta ‘Seagull’, la acústica perla que nos dice que el LP llega a su fin, lleno de brisa marina, grandeza (y aquí sí, un innegable aire heroico que los otros temas evaden sutilmente). Una despedida más folk, más soñadora y menos terrenal, como para dejarlos a todos con la boca abierta.

“Bad Company” es un álbum que nos ratifica que para componer un gran clásico no es necesaria una mega-producción, ni héroes de ningún instrumento, ni composiciones ultra-complejas. Buenas y melódicas canciones, autenticidad y sentido musical. Tan simple como eso. En la época en que todo comenzaba a ser excesivo (el rock progresivo, en especial), y que la música misma estaba perdiendo su simpleza, este hard rock devuelve su humanidad a los músicos y a las canciones, lo que a la larga le permitió mantenerse vivo ante la arremetida un tiempo después del punk. Eso sí, no dejemos de lado que para ese efecto, Bad Co. tuvo que despacharse con ocho temas inolvidables. No es algo menor. Sobre todo si con su siguiente trabajo, “Straight Shooter”, volvieron a volarle los sesos a varios, gracias a las majestuosas ‘Feel Like Makin’ Love’ y ‘Shooting Star’. Pero ya llegará el momento de hablar de ello. Por ahora, vuelvo a pegarme con “Bad Co.”.

Juan Ignacio Cornejo K.

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