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Billion Dollar Babies

Billion Dollar Babies

Billion Dollar Babies

Lunes 04 Julio, 2011
1973. Warner

Una banda de rocanrol. Eso era, hasta 1974, lo primero que un rockero pensaba cuando escuchaba hablar de Alice Cooper. Muy pronto, la agrupación se disolvería, pero su vocalista adoptaría el nombre, y ahora AC pasaría a ser el seudónimo de un solo tipo. Un gran tipo, es cierto. Pero el día que se rompió la importancia del colectivo, y se comenzó a jugar en torno a una sola estrella, Alice Cooper dejó de ser lo que era. Sí, hizo maravillosos trabajos, partiendo por “Welcome to my Nightmare”, ya comentado en este mismo sitio. Sin embargo, nunca fue capaz de hacer rocanrol de la manera en que se manifestaba en discos elementales, como “Killer”, o “School’s Out”… y sobre todo, una obra maestra titulada “Billion Dollar Babies”.

La distinción entre una y otra etapa es imperiosa. Es que casi todos los pasajes musicales que Alice Cooper aportó al inconciente musical de la cultura occidental vienen de su primera fase. Aquella que concluyó en 1974, y que tan bien sintetizada quedó en el “Grandes Éxitos” publicado como corolario a tal brillante lapso. No es casual tampoco, considerando que Michael Bruce (segundo guitarrista) y en menor medida Neal Smith (batería) hacían fuerzas junto a Vincent Furnier (o Alice Cooper, si lo desean) en la composición. Dos, y si se puede, tres cabezas, por lo general redondean mejores ideas que sólo una.

No es casual que si bien en su momento el directo de Alice Cooper haya dado que hablar en todas partes, fueron estas cintas de la primera era las que mejor envejecieron. Esa trilogía que mencioné en el primer párrafo, enseñó todo el abanico de posibilidades que AC tenía a mano, y que el solita se ha encargado de reformular, reacomodar, y reutilizar por ya 35 años. Con resultados bastante bien logrados, en varias ocasiones, no seamos injustos.

“Billion Dollar Babies” deja en evidencia todas las carencias de Alice Cooper, que son pocas, pero quizás la más notoria es la voz de su líder. En vez de dejarse abatir por tales males, la agrupación maximiza la utilización de sus virtudes, hasta entregarnos un diamante bien pulido. Feo, quizás, pero pulido. Entre esas virtudes, la que obligatoriamente debo resaltar es su talento para hacer coros para la eternidad. ‘Hello Hooray’ es un gran ejemplo. Un comienzo bien cojo, pero un rápido salto cualitativo y llegamos a melodías cautivantes e impetuosas.

La poco versátil garganta de Cooper-Furnier será poco técnica, pero mucho más expresiva que la de muchos otros competidores mucho mejor dotados. ‘Hello Hooray’ es pura “interpretación vocal”, no “canto”. ‘Raped and Freezin’’ es puro rocanrol, con batería machacante, y un mediodía bien llevadero. En la misma senda de lo que podría ser ‘Be My Lover’, si requieren un tema conocido para relacionar.

‘Elected’ es de esas canciones que sólo Alice Cooper puede hacer con tanta propiedad. Guitarras expectantes al desafío, Dennis Dunaway soltando latidos con su bajo como si fueran ráfagas. Con teclados bien ventosos, y una sentido musical bien ceremonioso. Y, a final de cuentas, es rock de primer nivel.

El cuarto track es el que le da el nombre a la placa. Qué poco puedo decir de ella, sin que se me salga el fanatismo por las manos. La carencia de la voz de Furnier está cubierta ni más ni menos que por Donovan, la estrella folk inglesa de los sesentas, sólo porque estaba grabando en los mismos estudios. Brillante. El bajo de llega a hacer cosquillas. El riff colgante, qué maravilla. Y la manera en que las dos voces comparten créditos es magnífica, le da una segunda dimensión sonora que es muy mágica, y realmente se hace difícil mantener los pies sobre la tierra con esto. Y la muy loca presentación de la realidad rockstar-groupie calza perfecto en tan especial corte. Es oro puro.

‘Unfinished Sweet’ va al hueso, saca roncha con tan áspera interpretación. Pero tiene su corte medio progresivo, de pronto toma dramatismo, nadie sabe de donde, y se detiene, y se retuerce, hasta volver, poco a poco, a ponerse en pie. Otro momento notable. Ni hablar del single más popular del álbum, y que de seguro fue vital en que “BDB” haya llegado al número uno a ambos lados del Atlántico: ‘No More Mr. Nice Guy’. Líricamente es bien superficial, pero hilada como última parte de la trilogía que también componen ‘I’m Eighteen’ y ‘School’s Out’, representa el paso de adolescente a adulto por parte de toda una generación. Y, cómo negarlo, es un himno para cualquier oído medianamente entrenado.

El sarcasmo melódico de ‘Generation Landslide’, ese toque tan puramente americano, no es otra cosa que una provocación más. Muy recomendable esto de irse a los empujones con tipos así. Lo mismo acontece con ‘Sick Things’. Menos pegajoso, claro, pero es como jugar a la canción de terror, a musicalizar los “horrores” que el foco más luminoso de Alice Cooper personificaba.

Ya en el último tranco, ‘Mary Ann’ es el “momento McCartney”, una sorprendentemente cálida brisa de dos minutos, sólo con piano, como para ratificar que esto (no) era en serio. Para cerrar, ‘Love the Dead’ también ingresa al material más teatral, algo que hoy nos parece un poco sonso, pero no hay nada malo en creerse el personaje. Y hay todo un encanto en el hecho de escuchar la frase “I love the dead… so!” con esa displicencia que lo hace Cooper. Es una excelente última estación en un recorrido exquisitamente grato.

Por fin. “Billion Dollar Babies”, el trabajo que convirtió a una banda exitosa en la número uno de los EEUU. La carta ganadora gringa en la era de las súper-bandas, cuando los Zeppelin, los Purple y los Sabbath sacudían los charts. Quizás por eso es que Alice Cooper trascendió en esos años. Porque no eran tan serios. Sólo eran monstruosamente buenos. Aquí hay un discazo para que lo tomen a modo de ejemplo.

Este tipo de arte no es del que uno extrañe demasiado cuando decide alejarse por un tiempo de él. Pero recuperarlo de las cosas perdidas, y hacerlo sonar nuevamente, te revitaliza. Es que está ahí. Al alcance de la mano. Y en la memoria de todos. Hay que darle la importancia que merece nomás. Nunca van a encontrar ni a AC ni a “BDB” en los Top 10 de ningún libro. Pero dejen de guiarse por eso. Y pónganse a la altura. A ver si les llega el mensaje.

Juan Ignacio Cornejo K.

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