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Toys In The Attic

Toys In The Attic

Toys In The Attic

Lunes 04 Julio, 2011

1975. Columbia

Hubo un tiempo en que la música en vivo significaba algo valioso para la gente. Cuando "la banda de moda" visitaba una ciudad, se sabía que el acontecimiento podía llegar a ser irrepetible y se atesoraba para siempre. Los 70 fueron eso. La variedad de estilos musicales que surgieron en esa época como el rock progresivo, el funk, y el punk, hicieron que la música se tiñera de grandeza, de luces, excesos y decadencia, para salir de gira y deslumbrar a un público que, a diferencia del actual, se sorprendía con lo más sencillo. Esa gente cuenta hoy orgullosa cómo fue ver a Kiss, David Bowie, o Sex Pistols sudando rock frente a sus propias caras.

De alguna manera, "Toys in the Attic" refleja ese espíritu que hoy se ha perdido un poco. Internet nos permite escuchar canciones que fueron tocadas en vivo hace un par de días al otro lado del mundo, y hace que una época como los 70' se mire con nostalgia. Este tipo de nuevas tecnologías sin duda nos benefician, pero hacen que el factor sorpresa se pierda si es que alguna vez logramos ver a nuestra banda favorita en vivo. Lo cierto es que Aerosmith no tuvo que salir del estudio para representar todo lo anterior. Esa mágica capacidad de reunir una buena colección de canciones hechas para ser tocadas sobre el escenario, es lo que hace de esta placa algo esencial.

"Toys in the Attic" es el disco más representativo de los de Boston en aquella época, simplemente porque tomó lo mejor de los Stones y Led Zeppelin, americanizándolo y abordando temas como la promiscuidad y las drogas, desde el punto de vista de un inteligente Steven Tyler. El álbum significó un logro tanto comercial como artístico para la banda. Su relación con el heavy metal y el blues básico y sucio, fue algo irresistible para los oídos de la época, y aún lo sigue siendo hoy.

A medida que transcurren los temas podemos imaginar a Tyler tomando el atril del micrófono y haciéndolo girar sobre su cabeza, mientras Joe Perry se transforma en un maestro del riff que hace sentir que no somos dignos de su interpretación. Ejemplo claro de esto último es la canción que le da nombre al disco, pero no termina ahí. También sucede en la sexual 'Sweet Emotion', en la irónica 'Adam's Apple' y en 'Walk This Way'. Este tema se convertiría algunos años más tarde, en el símbolo del "matrimonio" entre el hip-hop y el rock, del cual muchos han sacado beneficio. No creo que la batería funky de Joey Kramer haya contribuido a que este fenómeno fuera posible. Más que nada ese riff repetitivo y la forma en que Tyler canta aceleradamente sobre él, son las claves para entender el impacto de la canción.

El álbum sufre un quiebre con la pieza compuesta por Fred Weismantel, 'Big Ten Inch Record'. Una señal que la banda quiso incluir para que supiéramos de dónde viene su música y también mostrar la variedad presente en la placa, que pasa del blues de aquella canción, al hard rock y dureza de 'Round and Round'. 'No More No More', por otro lado, hace gala del talento musical del grupo en clave Stones. Sus líricas son más que claras: "no he visto la luz del día desde que empecé esta banda, no más, no más". Puro rock and roll que al final del disco encuentra a su alter-ego, su majestad la power ballad. Sin duda un terreno en el que Aerosmith no resbala porque posee los zapatos adecuados. Basta con analizar los resultados que esto le trajo en la década pasada.

Los alaridos de Steven Tyler y la música de su banda siguen hoy con nosotros. Sin duda se han suavizado, pero no importa. Si Aerosmith hubiera desaparecido del mapa luego de "Toys in the Attic", habríamos recibido una dosis de rock suficiente.

Jaime Meneses J.

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