Volbeat

Rewind, Replay, Rebound

2019. Republic/Universal

La meteórica carrera de Volbeat no ha parado de cosechar éxitos ni de plantear desafíos. A tres años del exitoso “Seal the Deal & Let's Boogie” y ocho meses del registro en vivo “Let’s Boogie! Live at Telia Parken”, el séptimo álbum de los escandinavos vuelve a poner en órbita su distintivo sonido, ese que ha crecido desde su irrupción en los 2000 hasta transformarse en un fenómeno de masas.

El flujo de estilos siempre es un punto importante cuando se estudia la obra de Volbeat y, en este caso, la variedad ofrecida en los 14 cortes del nuevo “Rewind, Replay, Rebound” lo sitúa justo en el punto medio de su espectro a fin de obtener un resultado equilibrado. Paradójicamente, los contrastes entre el lado amable y el agresivo componen la obra gruesa de este sólido edificio. ‘Maybe I Believe’ es un claro ejemplo de que la música del cuarteto se ha suavizado con los años, pero ha ganado un dramatismo épico que no les viene mal. Por cada instante en que Volbeat roza el pop, hay un puñado de riffs fornidos que vuelven a poner a la música de guitarras sobre la mesa. La urgencia ramonera de la escueta ‘Parasite’, el pop punk de ‘Leviathan’ y la agresividad de ‘The Everlasting’ son incuestionables a la hora de entregar potencia, sobre todo con la base rítmica marcando una fuerte presencia, tanto en la robusta ejecución de Kaspar Boye Larsen en el bajo (en su primera aparición oficial), como en el pulso contundente de Jon Larsen en la batería, quien tampoco tiene problemas para reverenciar al extinto Hal Blaine en la intro de ‘The Awakening of Bonnie Parker’.

Con su ADN definido y la formación asentada en lo musical, las letras de Poulsen pueden flirtear cómodamente con lo profundo y lo liviano para darle más dimensión al disco. ‘7:24’ es una referencia autobiográfica a la hora exacta en que nació su hija, ya que tuvo que viajar para recibir a la recién nacida, y luego regresar para tocar el siguiente concierto. En un tono melancólico, ‘When We Were Kids’ reflexiona sobre la inmortalidad, la inocencia y la juventud con un medio tiempo que exhibe los distintos planos vocales de un Michael que apela a la cordial fórmula del rock radial. Las temáticas se vuelven menos serias en ‘Sorry Sack of Bones’, que explora los efectos de una resaca culposa, y en ‘Pelvis on Fire’, que vuelve a la búsqueda primitiva del goce sexual a la manera de las viejas canciones rockeras de los 50, incluso, se hace cargo de su parecido indiscutido a un clásico de la banda (‘Sad Man's Tongue’).

Y cuando se trata de establecer vínculos con sus producciones anteriores, la lista de invitados no puede quedar al debe. La dulce voz de Mia Maja revolotea por el disco y se consolida como una de las colaboradoras más leales en ‘Rewind the Exit’, complementada por una exquisita línea de guitarra a cargo de la Jackson Signature de Caggiano. El Harlem Gospel Choir regresa en ‘Cloud 9’ y ‘Last Day Under the Sun’ para entregar mayor amplitud y elevar los coros en los momentos precisos sin que se escuchen sobrecargados. Por otro lado, Raynier Jacob Jacildo y Doug Corocran agregan el piano y el saxofón, respectivamente, en ‘Die to Live’, reforzada por la ferocidad callejera que le imprime el dúo con el vocalista de Clutch Neil Fallon. Sin embargo, Gary Holt es quien se roba las miradas con el solo de ‘Cheapside Sloggers’, justo en la sección media cuando la soleada tonada hardrockera entra directamente en un riff demoníaco con campanas apocalípticas para después cerrar el círculo de manera optimista. Sin duda una de las composiciones mejor logradas, no solo por la calidad del invitado, sino porque ayuda a entender el carácter inquieto de una banda que no le teme a jugar con todas sus cartas para ganar.

Si ya en “Seal the Deal & Let's Boogie” sorprendía el desprendimiento de su vertiente más metálica, esto se vuelve aún más tangible en la presente aventura. Las guitarras están y los himnos de estadio también, de hecho, seguramente estas canciones se amoldarán al catálogo clásico, pero vale la pena preguntarse si en algún momento la separación será total o se aferrarán para siempre con uñas y dientes a esta mezcla que tantas medallas les ha dado. Sea cuál sea el camino, “Rewind, Replay, Rebound” plantea un escenario interesante para Volbeat, ya que el resultado no se siente descafeinado, por el contrario, es bastante disfrutable. Ciertamente, no es su último día bajo el sol.

Pablo Cerda






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