Titus Andronicus

An Obelisk

2019. Merge

Definitivamente, Titus Andronicus y su cerebro Patrick Stickles han conformado un círculo virtuoso tozudo a más no poder. Ignorados por la masa, cualquier influencer próximo a lo que quede de industria y bajo la mirada del sumo pontífice del pop con ruido, Bob Mould, este listón de entusiastas muestra en “An Obelisk” su más reciente tomo de resistencia. El hastío es brutal, ya sea contra sus pares o el puto encasillamiento por sobrevivencia. Y el manifiesto es multiplataforma: amor por lo básico y las guitarras bajo el perfil de un arma sanadora.

Stickels es un vecino atípico para el conformista barrio del rock and roll y su vocación camaleónica va en pleno crecimiento. Uno lo ve a sus anchas en ese bálsamo de ironía reflejado en un piloto audiovisual, con aire de sitcom, y en el que festina a diestra y siniestra contra el miserable campo laboral para los músicos en la actualidad; también azota el tablero del punk más contestatario en ‘(I Blame) Society’ y no tiene problema en tributar al primerizo Bob Dylan en el clip de la misma canción. No hay mensajes crípticos, menos desarrollos extensos, uno revisa estas canciones y comprende que estamos ante un fervoroso llamado a recuperar la génesis de un estilo y estructura.

Bob Mould siempre ha seguido el dictado de su corazón y no produce a cualquiera. El hombre fuerte de Hüsker Dü, confeso fanático de la banda, vuelve a las teclas tras varios años de pausa y su mirada cae perfecta en pistas como ‘Tumult Around the World’ o la reflexiva ‘My Body and Me’, con muchos guiños a The Replacements o los subvalorados The Hold Steady. No dejan de ser llamativos los apuntes instrumentales de ‘Hey Ma’ y los refuerzos aportados por la gaita y los timbales casi al cierre.

Uno encuentra tan bien armados los 36 minutos presentados en este disco que volver a pensar en una quijotada como esa incomprendida ópera rock extendida en “The Most Lamentable Tragedy” suena a un acto digno de manicomio. Y ésa es justamente la ética que perpetua el culto hacia Titus Andronicus. Si Patrick anda con las pilas cargadas, las aventuras seguirán ocurriendo bajo las instancias y momentos más inhóspitos. Siempre habrá una minoría atenta y expectante. Con eso basta.

Francisco Reinoso






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