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Helloween: El gran poder de las calabazas unidas

Helloween: El gran poder de las calabazas unidas

Uno de los shows más esperados del año superó toda expectativa en su primera jornada
Helloween: El gran poder de las calabazas unidas

Teatro Caupolicán - 3 de noviembre de 2017
Santiago - Chile

El hecho de que Helloween haya visitado nuestro país previamente en reiteradas ocasiones pasaba casi desapercibido ante esta doble presentación. Y es que verlos por fin reunidos con su fundador Kai Hansen y su, para muchos, más emblemático vocalista Michael Kiske, hacía de esta una jornada única, cuya expectación quedó demostrada con la rápida venta de las entradas, agotándose en poco más de un día en cada show confirmado.

Curiosidad había por el setlist -que desde un principio se anunció que duraría cerca de tres horas-, por saber si Kiske cantaría como antaño junto a sus ex compañeros tras sus recientes problemas de salud, o por si la formación actual funcionaría bien junto a dos nombres que marcaron una etapa superada por la banda. Todo esto fue evaluado de forma muy positiva apenas iniciado el show con un clásico como lo es el extenso ‘Halloween’, cayendo el telón que cubría el escenario en el momento exacto en que Kiske pronuncia “heat and fever in the air, tonight”. Está de más mencionar la euforia que desata una canción así, sobre todo cantada tanto por quien grabó la versión original como por Andi Deris, quien digan lo que digan, ha hecho un trabajo más que notable en la banda. Sin descanso siguió la festiva ‘Dr. Stein’, también interpretada por ambos vocalistas, desatando otra vez la algarabía de un Caupolicán repleto en su totalidad. Una pausa tras tanta energía derrochada por ambas partes para que la banda salude, recibiendo una cerrada ovación especialmente en sus reintegrados miembros. Tras presentar unos personajes animados que aparecerían en varias ocasiones en la pantalla gigante, haciendo referencia a canciones y la banda misma, vendría otro himno de aquellos: ‘I’m Alive’, esta vez, protagonizado solo por Kiske. No es necesario ahondar en lo que significó aquel momento en que este último y Hansen volvían a tener el mando de Helloween.

El ánimo de los alemanes fue increíble, siempre despidiendo energía y mostrándose cercanos mientras tocan incluso cortes más lentos que para varios significaron un cierto “descanso” tras la intensidad de los primeros tres temas, como lo fue ‘If I Could Fly’. Hay felicidad, expresada en sus bromas entre ellos y al dirigirse a un público que no se cansó de corear cada canción. Incluso cortes más recientes como ‘Are You Metal’ o ‘Waiting for the Thunder’ fueron visiblemente disfrutados por los fans, aunque en menor cantidad si los comparamos con los verdaderos himnos. En términos musicales, no se puede decir nada, ya que -además de que las tres guitarras de Hansen, el siempre serio Michael Weikath y el extravagante y a la moda Sascha Gerstner sonaban de forma cómoda y potente- ambos vocalistas principales mantienen su tono en vivo, eliminando con esto cualquier posibilidad de playback por parte de Kiske, quien no dio señales de estar usando tan repudiada técnica. Siendo uno de los centros de atención, el calvo cantante hizo lo suyo de gran manera en cortes donde fue el protagonista, como ‘Kids of the Century’ –rescatada para esta gira después de más de 20 años sin sonar en vivo-, o en otros cantados a dúo como ‘Perfect Gentleman’, o las siempre emotivas baladas ‘Forever and One’ y ‘A Tale That Wasn’t Right’.

Siendo una gira que prometía repasar gran parte de la trayectoria de los alemanes, el setlist se centró parcialmente en los clásicos “Keeper of the Seven Keys” parte 1 y 2, pero obviamente habiendo espacio para otro material predilecto de los fans. Un momento alto para estos últimos fue el medley cantado por el guitarrista Kai Hansen como en los viejos tiempos, que consistió en ‘Starlight’ (en donde Kai tuvo un incoveniente con su guitarra, cantando como todo un frontman mientras se solucionaba el asunto), ‘Ride The Sky’ y ‘Judas’, dando paso a ‘Heavy Metal is the Law’. El mosh y las primeras bengalas no faltaron.

Este momento de la banda marca un antes y un después en su historia, por lo que no podía faltar un homenaje al fallecido baterista Ingo Schwitchenberg, con una aparición en video realizando un solo, precedido por uno breve de parte de Dani Löble. Ingo se hizo presente, dejando en claro que siempre será uno de los integrantes más queridos por la fanaticada por su energía, carisma y precisión en cada golpe, emotivo momento en que se coreó su nombre.

Durante el resto del show, sonaron otros cortes como ‘I Can’, ‘A Little Time’ (precedida por ‘Livin ain’t no Crime’), ‘Why’, presentada por el bajo del siempre presente Markus Grosskopf,  ‘Sole Survivor’ o la siempre disfrutada 'Power'. Como ya se dijo, los vocalistas cambiaban turnos, estando solos o realizando duetos dependiendo de la canción. La única oportunidad en que pudimos ver al trío de voces fue en ‘How Many Tears’, anunciada por Deris como la última de la noche, algo que ni él mismo pudo creerse. La envasada ‘Inivitation’ dio paso a otro momento de locura: ‘Eagle Fly Free’, por lejos una de las favoritas de unos fans que no mostraban cansancio después de un par de horas. Le siguió la clásica ‘Keeper of the Seven Keys’, un momento brillante que se puede traducir en un despliegue de técnica y poder, al ser una canción más que compleja con tantos minutos y cambios. Aun así, su sección final se alargó más de la cuenta durante y después de la segunda despedida de la banda, resultando un poco tedioso de escuchar por tanto rato. Finalmente, y como era de esperar, la dupla de ‘Future World’ y ‘I Want Out’ cerraron una jornada tan extensa como única, demostrando el ambiente de fiesta con grandes globos rebotando sobre el público y papel picado saliendo desde el escenario. Tras dos himnos no solo de la banda, sino que también del género, el show llegaba a su fin, alcanzando una meta de más de dos horas y 45 minutos de presentación sin mayores pausas.

Un buen sonido, la casa con lleno total y una actitud cercana y prendida fueron esenciales para que Helloween se retirara victorioso, tal como se esperaba. Los miedos sobre la voz de Kiske quedaron atrás, ya que su registro encantó a los que llegaron al teatro de calle San Diego, ganándose una ovación siempre. ¿Faltó algo? Con un show tan extenso, cuesta decir que  estuvo ausente, por más que cada quien sintiera la falta de una canción de su gusto, como siempre pasa. La presentación fue demasiado completa como para sentirlo así, aunque no podemos dejar pasar que fue un momento ideal para tocar ‘March of Time’, una emblemática de la época de los “Keepers”. Será para la próxima.

Helloween es una de esas bandas que de cierto modo divide a sus fans incluso hasta hoy. La disputa por sobre quien es el vocalista más importante pareciera nunca acabar, pero al menos por ahora todo quedó atrás -Kiske y Deris se manifestaban fuertes muestras de cariño-. Las tres voces que ha tenido la banda a lo largo de su historia desataron su poder y la manera en que aportan a un sonido que los hizo ganar el título de una de las agrupaciones fundamentales del power metal. Que no se diga lo contrario: nadie estuvo por sobre otros. Un show de este tipo demostró que la banda es una sola, sin diferencias de épocas determinadas. Es que las calabazas, por fin, se unieron. ¡Formidable!

Luciano González
Fotos: Peter Haupt

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